A 4 años de su muerte recordamos a Claudio Bravo, el genio hiperrealista

En su arte, Bravo se mantiene independiente de las vanguardias, utiliza el óleo, el dibujo al carboncillo, el pastel y el grabado, como técnicas con las que aspira a una precisión casi fotográfica, con la que las formas representadas adquieren una realidad superior a la de sus propios modelos: con esto crea los procedimientos claves del hiperrealismo.

A 4 años de su muerte recordamos a Claudio Bravo, el genio hiperrealista

Egresado en 1954 del colegio San Ignacio de Santiago, inició sus estudios de dibujo y pintura en el taller de Miguel Venegas Cifuentes, siendo su más connotado discípulo, debido a sus dotes naturales verdaderamente extraordinarios. Claudio Bravo junto con estos estudios, bailó en la Compañía de Ballet de Chile y participó en el Teatro de Ensayo de la Universidad Católica.

En 1961 emigra a España, país en el que impone su talento como retratista de sociedad; en 1972 se radica en Tánger, Marruecos.

Años más tarde, en 1981, expone en la Marlborough Gallery de Nueva York, galería que desde entonces lo representa y promueve internacionalmente.

En 1994 realizó una gran exposición individual en el Museo Nacional de Bellas Artes, que marcaría su reencuentro con el público chileno; a partir de ese momento, comparte su tiempo viviendo en Chile y Marruecos.

En su arte, Bravo se mantiene independiente de las vanguardias, utiliza el óleo, el dibujo al carboncillo, el pastel y el grabado, como técnicas con las que aspira a una precisión casi fotográfica, con la que las formas representadas adquieren una realidad superior a la de sus propios modelos: con esto crea los procedimientos claves del hiperrealismo.

Sus constantes viajes al oriente, nutrieron su arte de una rica imaginería que fue incorporando a sus obras, generando así una variada temática, que va desde los bodegones hasta los retratos psicológicos, pasando por una iconografía místico- religiosa, explorando de este modo en la "metafísica del objeto", que deviene en la "metafísica de la situación".

Cuándo apreciamos una pintura de Bravo, asistimos al más notable triunfo de la representación, debido a la máxima eficacia del oficio como modo de producción y método de apropiación de la realidad visible.

Bravo murió en Marruecos, rumbo al hospital, el 4 de junio de 2011 a causa de un ataque de epilepsia que le causó dos infartos, según informó Bashir Tabchich, su compañero y mano derecha desde 1979.

La casa y museo de Taroudant, donde Bravo está enterrado, quedó en manos de Tabchich; al hijo de este, su ahijado Rashid. El pintor le dejó "la residencia de Tánger, con sus jardines italianos"; "la antigua casa de La Medina de Marrakech, que es patrimonio de Marruecos, la donó a la exemperatriz de Irán,Farah Diba, su gran amiga; por último, el departamento de París lo legó a su amigo, ayudante y colega Rafael Cidoncha, pintor realista español.