Abdón Cifuentes: el progreso del país de acuerdo a los principios católicos

Abdón Cifuentes creía que la religión hacía del ser humano una persona íntegra, de valores irrenunciables y que siempre tendían hacia el bien común. Creía también que para lograr aquello se necesitaba mucha formación, la que de manera particular la encontraba en el plano intelectual y en la ayuda social.

Abdón Cifuentes: el progreso del país de acuerdo a los principios católicos

En el marco del último debate en la cámara de diputados sobre la despenalización del aborto, se escuchó en repetidas oportunidades, dentro y fuera de la cámara, que las creencias religiosas propias de alguno, no tienen por qué vincularse con el bien común de todos. Este parece, es otro debate, que se suma al del aborto, y que ya aparenta estar sellado: las creencias religiosas por un lado y la política por otro.

Pero ¿la religión no busca el bien común de las personas? ¿no buscamos personas íntegras en la política que no hagan división entre lo que buscan y lo que piensan?

Este debate no es nuevo, se ha manifestado en diferentes momentos de la historia y no solo en Chile. Solo como ejemplo podríamos recordar al primer presidente católico de los Estados Unidos, John F. Kennedy, cuando fue consultado por aquello y sentenció que sus creencias no estarían vinculadas a su labor como presidente.

En Chile, a mediados del siglo XIX, prendió un fuerte debate doctrinario, gatillado por la presencia en el país de numerosos intelectuales extranjeros de corte liberal y la fuerte personalidad del segundo Arzobispo de nuestra capital, don Rafael Valentín Valdivieso.

Los que rodeaban al aguerrido Arzobispo eran algunos obispos de otras ciudades y varios laicos comprometidos con diferentes iniciativas que poco a poco fueron decantando hacia la participación en la vida pública.

En ese escenario aparece la figura de don Abdón Cifuentes, gran impulsor de la fundación de la Universidad Católica y arduo defensor de la participación de los cristianos en la política.

Cifuentes fundó en 1865, el primer canal por el que quería plasmar aquello de la política y la religión, la Sociedad de Amigos del País. A través de esta institución procuró “el progreso del país de acuerdo a los principios católicos”. El mismo Cifuentes en sus memorias responde a la interrogante de cómo conseguir esto y escribe: “Propúseme en consecuencia: acercar en cada centro de la población a los que hacen profesión de nuestra fe; ofrecer por medio de conferencias literarias o científicas a los que tienen amor al estudio, la ocasión y los medios de cultivar en común su inteligencia; vigorizar con las afirmaciones públicas de la fe, las creencias tan debilitadas y contaminadas por la atmósfera malsana del siglo; alentar a los débiles para que fuesen valientes confesores y esforzados adalides de su religión, cualquiera que fuese su edad o condición; en una palabra, hacer concurrir, por medio de una organización vigorosa y ejercicios constantes, todas las fuerzas cristianas de una ciudad al bien de la causa católica, oponiéndose en todas partes a los enemigos francos o encubiertos de la verdad católica, las falanges estrechas y resueltas de sus amigos; tal era el fin y el medio que la sociedad se proponía.”

Cifuentes creía que la religión hacía del ser humano una persona íntegra, de valores irrenunciables y que siempre tendían hacia el bien común. Creía también que para lograr aquello se necesitaba mucha formación, la que de manera particular la encontraba en el plano intelectual y en la ayuda social.

Su afán por encontrar un recto cause a este ideal, lo motivó a desempeñarse en la política y en la pedagogía hasta el final de sus días, encontrando como derrotero, el camino que finalmente lo llevó a promover la fundación de una universidad que forme personas, al igual que lo hacía el liberalismo de aquella época, comprometida con sus creencias y su país. 

Referencias:

- Memorias de Abdón Cifuentes. Capítulos V, XX y XXV

- Silva, F.  Notas sobre el pensamiento social católico a fines del siglo XIX. Santiago de Chile. Revista de Historia, Universidad Católica, N°24, Universidad Católica.