Andrés Bello y el discurso que despreció la labor de la Iglesia en la educación en Chile

La educación en Chile tiene desde sus inicios como principal protagonista a la Iglesia Católica, ya que heredando la tradición europea, estaba encargada de manera especial a los religiosos.

Andrés Bello y el discurso que despreció la labor de la Iglesia en la educación en Chile

En el actual debate sobre la educación, donde la calidad ha sido un subtítulo puesto para no dar la impresión que las reformas propuestas son sólo de carácter económico, se ha querido dejar fuera del mismo, a las instituciones que por muchísimo tiempo han aportado, desde sus propias bases y orígenes a la educación superior.

Hoy el Estado quiere nuevamente tomar un rol protagónico y casi total de la educación, dejando abierta las líneas de control en la población a través de la ideología que esté en el gobierno de turno y atentando puntualmente a los que dan una propuesta diferente en cuanto al pensamiento, la metodología y las ofertas del mercado.

Hoy se considera visionario un acto de mediados del siglo XIX del presidente “Bulnes y de su ministro Montt de encargarle a Bello la elaboración de la ley orgánica de una nueva universidad que regule todo el sistema educacional chileno”, la que quedó finalmente redactada y aprobada por el Consejo de Estado en 1842.

En ese mismo año, es que don Andrés Bello “(…) escribe en El Araucano un texto elocuente y revelador respecto de su pensamiento [y] del rol que deberá tener la nueva casa de estudios: “No se trata de aquellos establecimientos escolásticos o de ciencias especulativas, destinados principalmente a fomentar la vanidad de los que deseaban un título aparente de suficiencia, sin ventajas inmediatas y reales para la sociedad actual. Se desea satisfacer, en primer lugar, una de las necesidades que más se han hecho sentir desde que con nuestra emancipación política pudimos abrir la puerta a los conocimientos útiles, echando las bases de un plan general que abrace estos conocimientos en cuanto alcancen nuestras circunstancias, para propagarlos con fruto en todo el país y conservar y adelantar su enseñanza de un modo fijo y sistemático, que permita, sin embargo, la adopción progresiva de los nuevos métodos y de los sucesivos adelantos que hagan las ciencias””

Esta cita demuestra un claro desprecio y prejuicio sobre lo que hasta ese momento había sido la única experiencia de educación superior en Chile a cargo de la Iglesia y manifiesta también la nueva perspectiva sobre el camino que tendrá ahora ésta.

Lo que se tendría que haber preguntado en ese momento y, que nos vendría bien hoy en día es. ¿No sería acaso bueno escuchar y darle valor a la experiencia de años de las Instituciones que desde un principio estuvieron sirviendo al país en materia de Educación? ¿Por qué de esa actitud frente a lo ya recorrido, con sus luces y sombras?

Para ello es bueno saber que la educación en Chile tiene desde sus inicios como principal protagonista a la Iglesia Católica, ya que heredando la tradición europea, ésta estaba encargada de manera especial a los religiosos. Bien sabemos que como parte de la obra evangelizadora de los primeros misioneros venidos al Nuevo Mundo, tanto la celebración litúrgica, la promoción del arte y la educación, eran el principal vehículo de transmisión de la fe.

La llegada a Chile de congregaciones religiosas, posterior a su arribo en el Virreinato del Perú, fue el inicio de la historia de la educación primaria y secundaria en nuestro país. Es así que “la primera institución de educación superior en el país fue la Universidad Pontificia de Estudio General Santo Tomás de Aquino, fundada en 1622 e instalada en 1623 en el convento dominico de Nuestra Señora del Rosario en Santiago.” (García, 2009, p.164), la que a su vez “(…) fue transformada por Felipe V en 1738 en Real Universidad de San Felipe, cuyos bienes traspasó a su vez el gobierno republicano en 1839 a la Universidad de Chile, así creada antes de promulgarse en 1842 su ley orgánica.”

 

Es así como en 1842 se fundó la Universidad de Chile, que reemplazó en sus funciones a la antigua Universidad de San Felipe, siendo su primer rector don Andrés Bello, quien en el Discurso Inaugural de la nueva institución educativa reiteró el ideal de progreso de la cultura a través de la educación: “(…) ¿Quién prendió en Europa esclavizada las primeras centellas de libertad civil? ¿No fueron las letras? ¿No fue la herencia intelectual de Grecia y Roma, reclamada, después de una larga época de oscuridad, por el espíritu humano?” (Bello, 1842.p.1), haciendo referencia a que lo único que podía liberar a la oscuridad de siglos tenebrosos vividos en Europa, era una cultura ilustrada.

Años después se inauguran también la Escuela Normal de Preceptores en 1842 y la Escuela de Artes y Oficios en 1849. De estas, la primera dio inicio a la formación de profesores de primeras letras que hasta ese momento no necesitaban de estudios especiales para ejercer la docencia; y la segunda dio inicio a las carreras de carácter técnico, y que años posteriores se convertirá en la Universidad de Santiago.

La fundación de la Universidad Católica de Chile no llega a ver la luz sino hasta las décadas finales del siglo, y dentro de un marco histórico dado por un debate doctrinario que se abría camino en nuestro país, y que en Europa ya había tomado un curso fijo para la final separación de Iglesia y Estado. Aquí nos referimos al debate acerca del Estado Laico y el advenimiento del liberalismo, o visto desde otra perspectiva, una contienda que la Iglesia comenzará a librar contra una corriente ya antes señala, nos referimos al secularismo. 

En la segunda mitad del siglo XIX es que se advierte una transformación de las instituciones políticas chilenas por causa del liberalismo. Esta corriente tuvo un fuerte desarrollo en la primera mitad del siglo en Europa, apareciendo con él una nueva actitud frente Estado y las instituciones públicas.

En la década del sesenta, los viajes a Europa por parte de varios grupos de chilenos, les permitió conocer e importar numerosas fuentes de liberalismo, así como pudieron observar con entusiasmo el progreso que vivían algunas naciones europeas adheridos a los principios liberales. Es así que el espíritu liberal corrió con facilidad en casi la mayoría de los círculos sociales e intelectuales de la época, y tiñendo del mismo tinte también a los grupos conservadores.

En el proceso de laicización de la educación, dentro de los planes liberales de los gobiernos del mismo nombre, se le fue restando autonomía a las instituciones educativas, en especial a la Universidad de Chile, poniéndolas a los pies del poder público. En este clima convulsionado es que surge dentro de la sociedad chilena, al lado del Partido Conservador, el Círculo Católico, teniendo como idea hacerle frente al proceso que buscaba una educación laica. Junto con este objetivo va surgiendo en algunos miembros la idea de la fundación de una casa de estudios que pueda servir de contrapeso a la Universidad de Chile, en ese momento, abiertamente laicista.

Así es como vemos el ir y venir de la Educación Superior en nuestro país, un vaivén entre Iglesia y Estado, política y religión, conservadurismo y liberalismo hasta el día de hoy.

Referencia:

García, E. (2009). Historia de la Iglesia en Chile. Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 1era edición.
Edwards, A. (1997). La Fronda Aristocrática en Chile. Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 15va edición.
Gnadt, W (1938). La Universidad Católica de Chile, su historia, su vida íntima y su obra. Santiago de Chile, Editorial Ediciones Universidad Católica de Chile, 1era edición.
Larios, G (2011). Abdón Cifuentes. Revista de Historia de la Universidad de los Andes, Santiago de Chile, Universidad de los Andes.
http://www.uchile.cl/portal/presentacion/historia/resena-historica/4728/la-figura-de-andres-bello