Batalla de la Concepción, uno de los episodios más recordados de nuestra historia

Durante 19 horas, 77 soldados chilenos defendieron su posición en el pueblo de La Concepción de la sierra peruana. Bajo el mando del recién ascendido capitán Ignacio Carrera Pinto, el contingente chileno defendió las entradas de la plaza del pueblo, pero con el paso de las horas debió replegarse a su cuartel. Pese a la disparidad de las fuerzas, más de 1500 peruanos entre soldados e indígenas, los del “Chacabuco” no se rindieron. 

Batalla de la Concepción, uno de los episodios más recordados de nuestra historia

Hacia fines de la Guerra del Pacífico, cuando quedaban pocos batallones que tenían como única misión acabar con lo que quedaba de la resistencia en la sierra peruana, tuvo lugar una de las batallas que más tristes y memorables de nuestra historia. Esta misión no era una tarea fácil, pues a las enfermedades, el frío y la falta de pertrechos, ropa y alimentos de los soldados chilenos, se sumaba un nuevo enemigo: los indígenas que habitaban los sitios precordilleranos y cordilleranos de la Sierra que se unían a las tropas peruanas.

Esta situación ya era insostenible para los chilenos, lo que obligó al Coronel Del Canto, jefe de la División chilena, partir a Lima para solicitar personalmente la orden de retirada. Se da entonces la orden de evacuar la Sierra. Una orden que se mantuvo en secreto, sin embargo, las noticias llegaron al General peruano Andrés A. Cáceres, quien vio en esto una oportunidad de exterminar las guarniciones chilenas, empezando a crear un plan de ataque contra los batallones chilenos.

Este plan comenzó a hacerse efectivo al mismo tiempo en los pueblos de la Sierra con guarniciones chilenas en la madrugada del día domingo 9 de julio de 1882. Entre ellos, La Concepción, un poblado que contaba con una guarnición chilena del Regimiento Chacabuco compuesta por 73 soldados (11 se encontraban enfermos en la enfermería) y cuatro oficiales al mando del Teniente Ignacio Carrera Pinto - nieto del Padre de la Patria José Miguel Carrera -, acompañados por tres cantineras, mujeres que seguían a los soldados, una de las cuales estaba en un avanzado estado de embarazo y un pequeño niño de cinco años.

En la madrugada de ese día, el subteniente Arturo Pérez Canto, segundo al mando, comenzaba a preparar la evacuación. Nada hacía sospechar que eran observados por las fuerzas del Coronel Gastó más unos mil quinientos indígenas que se aprestaban a atacar a este pequeño contingente del Chacabuco. Iniciado el ataque, el Teniente Carrera Pinto reúne a sus hombres, acudiendo también los soldados enfermos que se niegan a permanecer en la enfermería, entre los cuales se encontraba el subteniente Julio Montt Salamanca de 21 años. Carrera Pinto, comprendiendo que sus argumentos eran válidos, les ordena mantenerse atrás de la tropa como reserva. 

Gastó exige la rendición, para evitar así una masacre segura, ofreciéndole a cambio todas las garantías de salvar sus vidas. El Teniente chileno responder negativamente a la propuesta señalando que no deshonraría el nombre de su abuelo. Pelearían hasta morir o en el mejor de los casos hasta la llegada de las tropas que debían pasar a recogerlos ese mismo día. Se envía un sargento y dos soldados en busca de refuerzos, sin embargo son acribillados antes de siquiera salir del poblado, siendo luego de muertos descuartizados por los indígenas y descuartizados.

Sin muchas alternativas, Carrera Pinto divide a sus hombres enviándolos a los cuatro costados de la plaza para tratar de evitar así la entrada en masa del enemigo, una estrategia que en principio dio resultado. Los chilenos alternaban la carga de bayoneta y los disparos para ahorrar munición. Impresionado por la resistencia de los chilenos el Coronel peruano idea una forma de hacerlos salir del cuartel procediendo a atacarlos desde los techos de las casas vecinas e incendiando el cuartel.

Esto obliga a salir a los chilenos, que se lanzan contra los indígenas, momento en el teniente Ignacio Carrera Pinto es herido de muerte junto a varios de sus hombres, obligando al resto a volver sobre sus pasos al cuartel en llamas. Mientras tanto en el medio del combate, la cantinera chilena daba a luz a un varón dentro de un cuartel que se incendia y que sofoca a todos sus moradores.

Muerto el teniente Ignacio Carrera Pinto, queda al mando de la compañía el subteniente Julio Montt Salamanca de solo 18 años, el que pronto encuentra la muerte cargando su bayoneta en la puerta del cuartel. Ya de noche, los indígenas trataban de hacer forados en el cuartel. Los chilenos que quedaban cubrían estos agujeros con los mismos cuerpos de sus enemigos que caían al tratar de entrar. Luego de la muerte de Montt, asume el mando al subteniente Arturo Pérez Canto de 17 años, quien con sus hombres se da maña para sostener el ataque hasta el amanecer. Aunque sin esperanzas y cansado de tanto batallar, se lanza contra los enemigos siendo acribillado en el lugar.

Quedan solo cinco sobrevivientes. El subteniente Luis Cruz Martínez, pronto a cumplir los 16 años de edad, y cuatro soldados, todos ellos alentados por las mujeres que los acompañaban. Tras 19 horas de resistencia, sin municiones, sin alimentos, el oficial junto a sus soldados se lanza en pos de la muerte. Era el fin de la guarnición chilena apostada en Concepción. Fueron brutalmente asesinados por la indiada, procediendo luego de darles muerte a desvestirlos, descuartizarlos y repartirse los restos como trofeo. El coronel Gastó nada pudo hacer para controlar el furor de los montoneros. Las mujeres y los niños no corrieron mejor suerte, fueron asesinadas y mutiladas. Eran las 9:30 A. M. del día 10 de Julio de 1882.

Las tropas chilenas de respaldo se encuentran a su llegada con un cuadro horroroso. Así lo testimonia el relato del soldado Marcos Ibarra D., del Batallón 2º de Línea a su llegada a Concepción: "Llegamos a las seis de la tarde a la entrada del pueblo La Concepción. Mi Coronel Canto se sorprendió de que todas las habitaciones estuvieran cerradas y no se veía un ser viviente. Hizo hacer alto la marcha y que cargáramos el rifle Comblain. Hizo avanzar a los Carabineros de Yungay a hacer un reconocimiento a la plaza, antes de un minuto llegó un ayudante de campo diciendo que en la plaza se encuentra un cuadro horroroso de muertos, entonces avanzamos y nos impusimos. Había perecido toda la 4º Compañía del Batallón Chacabuco 6º de Línea. Esos valientes hombres, se batieron hasta quemar el último cartucho contra 2000 cholos serranos bien armados. Los chilenos pelearon del 9 hasta el 10 de julio. Un corneta, una mujer chilena con una guagua estaban traspasados por balas, flechas y lanzas. Estas víctimas se encontraron en medio de los cadáveres."

Imposibilitados de llevar los cuerpos a Chile, se extraen los corazones de los cuatro oficiales, los cuales reposan hoy en la Catedral de Santiago. Luego se prendió fuego a la iglesia, cuyos restos sirvieron de sepultura para la 4º compañía, las mujeres y los niños que habían estado apostados en Concepción.
Visto los resultados de la defensa del poblado por la 4º Compañía del Chacabuco, el comandante de dicho Batallón, Coronel Marcial Pinto Agüero, tomando como ejemplo a sus hombres, decreta la siguiente Orden del Día:

"Soldados del Ejército del Centro; Al pasar por el pueblo de Concepción, habéis presenciado el lúgubre cuadro de escombros humeantes, cuyos combustibles eran los restos queridos de cuatro oficiales y setenta y tres individuos de tropa del batallón Chacabuco 6º de Línea. Militares de manos salvajes fueron los autores de tamaño crimen; pero es necesario que tengáis entendido que los que defendían el puesto que se les había confiado, eran chilenos que, fieles al cariño por su patria y animados por el entusiasmo de defender su bandera, prefirieron sucumbir antes que rendirse.

Amigos chilenos; si os encontráis en igual situación a la de los setenta y siete héroes de Concepción, sed sus imitadores; entonces agregareis una brillante página a la historia nacional y haréis que la efigie de la patria se muestre una vez más con semblante risueño simbolizando en su actitud los hechos de sus hijos.
Soldados: seguid siempre en el noble sendero del deber, con entusiasmo y abnegación; conservad la sangre fría y el arrojo de los Caupolicanes y Lautaros; sed siempre dignos de vosotros mismos y habréis conseguido la felicidad de la Patria.

Chilenos todos: ¡Un hurra a la eterna memoria de los héroes de Concepción! "