Benjamín Subercaseaux: No hay otra muerte que el olvido

En 1963 obtuvo el merecido  Premio Nacional de Literatura que le otorgó un jurado que integraron Alone, Ricardo Latcham y Pablo Neruda. A esas alturas el reconocimiento a la obra de Subercaseaux resultaba obvio.

Benjamín Subercaseaux: No hay otra muerte que el olvido

Heredó un cosmopolitismo debido a sus continuos y permanentes viajes. Su obra no pasó inadvertida y se traspasó de generación en generación, siendo característica de un autor polémico y provocador. Este era Benjamín Subercaseaux, autor de “Jemmy Button”, novela de gran aliento, que se transformó es una de las más interesantes de la literatura chilena del siglo XX.

La destacada obra, narra el viaje del navegante inglés Fitz Roy por la zona austral de Chile y su intento de incorporar a la civilización europea a un muchacho alacalufe, para el que es más fuerte el llamado de sus orígenes. Trasplantado a Londres logra asimilar los usos europeos y entender el mundo que le rodea que para él es extraño y artificial. Las convenciones de la gente le parecen a Jemmy reñidas con los llamados de la naturaleza, y regresa a su entorno natural.

Su amor por Chile lo plasmó en "Chile o una loca geografía", un libro prodigioso en sus infinitas visiones publicado en 1940 y que es un recorrido por el país total: su naturaleza, sus habitantes, sus costumbres, sus defectos, sus potencialidades humanas y materiales. Otras obras en las que reconoce a nuestro país fueron "Tierra de Océano", "...Y al Oeste limita con el Mar," o "50o latitud sur".

Entre sus innumerables viajes estuvo Paris, donde obtuvo un doctorado en sicología en La Soborne. Viajó por los países del norte de África y pulverizó los mitos sobre la superioridad de la raza blanca. Se comprometió en la batalla contra el fascismo y fue memorable un artículo suyo en La Nación el 2 de octubre de 1942 que fustigó las relaciones de Chile con la Alemania Nazi y contribuyó al rompimiento de las relaciones con el Eje en el gobierno del Presidente Ríos.

En 1963 obtuvo el merecido  Premio Nacional de Literatura que le otorgó un jurado que integraron Alone, Ricardo Latcham y Pablo Neruda. A esas alturas el reconocimiento a la obra de Subercaseaux resultaba obvio.

En sus últimos años de vida se desenvolvió como cónsul vitalicio en París y Mendoza. Finalmente fue trasladado a Tacna, donde fallecería un 11 de marzo de 1973 realizando labores en el consulado de chile.

Antes de su muerte, Subercaseaux tenía un especial deseo, que en su tumba pusieran un epitafio, que en nuestro presente cobra un sentido muy especial: “No hay otra muerte que el olvido. Morimos cuando dejan de recordarnos".

Como muchos otros autores nacionales, ha sido olvidado con el paso del tiempo, por ello su epitafio hace hincapié en todos ellos que hay dormido en la historia por el escaso recuerdo de sus obras. En revista Corral Victoria rendimos homenaje a muchos que como Benjamín Subercaseaux aportaron desde su arte y los años se han encargado de ocultarlos de  nuestras memorias.