Biblioteca Nacional, la memoria de lo nuestro

Este noble edificio de más de 200 años de vida, donde se resguarda el patrimonio bibliográfico de nuestro país, se ubica en lo que fue alguna vez uno de los brazos del Río Mapocho, y que hoy día alberga tal vez lo mejor de nuestra historia, de nuestra identidad, pero también nos muestra los caminos del futuro. Nació un 19 de agosto de 1813 gracias a José Miguel Carrera, permitiéndonos abrir el espíritu de la independencia y la República de Chile.

Biblioteca Nacional, la memoria de lo nuestro

Por el impulso de José Miguel Carrera, el 19 de agosto de 1813 se publica en El Monitor Araucano (fundado y dirigido por Camilo Henríquez), la Proclama de Fundación de la Biblioteca Nacional, firmada por los miembros de la Junta de Gobierno Francisco Antonio Pérez, Agustín Manuel Eyzaguirre y Juan Egaña. Una de las primeras tareas de la Biblioteca Nacional fue recoger la erogación de libros que los vecinos de Santiago y de otras ciudades comenzaron a hacer efectiva. Esta labor se vio interrumpida por los acontecimientos derivados de la derrota de Rancagua, pero fue retomada apenas Chile fue liberado del poder español. Luego Bernardo O'Higgins dispone el traspaso de las antiguas colecciones que habían pertenecido a los jesuitas y que se encontraban en la Universidad de San Felipe, la primera universidad del Estado de Chile fundada en tiempos del reinado español. Asimismo, O'Higgins nombró director de la Biblioteca al destacado educador y patriota, Manuel de Salas quien fue apoyado en su labor por fray Camilo Henríquez.

En 1820 se creó el Depósito Legal, que obligaba a las imprentas nacionales a dejar en la Biblioteca Nacional una copia de cada libro, revista o periódico publicado. Esta reglamentación se perfeccionó en 1834 con la Ley de Propiedad Literaria, que sentó las bases para el continuo enriquecimiento de los fondos de la institución.

Durante el siglo XIX, la Biblioteca Nacional cimentó el núcleo de su fondo bibliográfico a partir de la donación o adquisición de sus primeras colecciones. Entre ellas destacan, los incunables (los primeros libros impresos con la técnica de la imprenta de Gutemberg, de los cuales la Biblioteca posee 37), la biblioteca de los jesuitas, la biblioteca Egaña, la biblioteca de Benjamín Vicuña Mackenna, la biblioteca de Andrés Bello, las bibliotecas del naturalista francés Claudio Gay y de monseñor José Ignacio Víctor Eyzaguirre. 

Bajo la tutela de la Universidad de Chile desde 1852, la Biblioteca Nacional pasó a depender en 1879 del recientemente creado Consejo de Instrucción Pública. Durante este período se realizaron múltiples iniciativas tendientes a ordenar el inmenso material acumulado por la Biblioteca en el curso de los años precedentes. En 1854 se creó el primer catálogo impreso de los libros de la Biblioteca Nacional, el que se fue ampliando con los años a nuevas colecciones; en 1861 se creó la Sección de Manuscritos a partir del material recibido de los juzgados; en 1871 se realizó la primera Estadística bibliográfica de la literatura chilena y en 1886, ya instalada en un nuevo edificio, se inició la publicación del Anuario de la Prensa Chilena.

En las primeras décadas del siglo XX, la Biblioteca Nacional acrecentó sus fondos con valiosas colecciones que la convirtieron en una de las más importantes de Hispanoamérica. Entre las principales, destacan la biblioteca americana Diego Barros Arana; la biblioteca americana José Toribio Medina; la colección Matta Vial; el fondo bibliográfico Raúl Silva Castro; la biblioteca Guillermo Feliú Cruz y la biblioteca Antonio Doddis. 

En la década de los sesenta, la Biblioteca Nacional inició la generación de publicaciones como la Revista Mapocho, que recoge la reflexión y producción en el campo de las letras, así como de obras relevantes de escritores chilenos. Esto se complementa con el apoyo a la investigación, concretado en 1990 con la creación del Centro de Investigaciones Barros Arana que impulsa la publicación de investigadores nacionales. En 2003 se inauguró el portal de contenidos culturales y biblioteca virtual Memoria Chilena, que permite dar acceso a los diversos materiales que preserva Biblioteca Nacional de Chile.

Durante estos 202 años de historia la Biblioteca Nacional ha ocupado cinco distintos edificios. De éstos, sólo se mantiene, además de la sede actual de la Alameda, el recinto que ocupa el Museo Chileno de Arte Precolombino en la intersección de calle Compañía y Bandera.
El primer edificio ocupado por la Biblioteca Nacional en 1813 y 1823 fue la sede de la Universidad de San Felipe, terrenos del actual Teatro Municipal (Agustinas con Mac-Iver). Aquí, en dos salas, se guardaron los primeros ejemplares recopilados tras la proclama de la Junta de Gobierno de 1813, que alentaba a los ciudadanos de todo el país a una patriótica donación de libros. Se llegó en este tiempo a concretar una colección de 9.577 textos, lo que obliga su traslado a lo que sería su segunda sede.

Así, entre 1823 y 1834, se traslada al edificio donde funcionaba de la Real Ex Aduana, actual Museo Chileno de Arte Precolombino (Bandera con Compañía). El inmueble había sido construido en 1805 por el ingeniero militar José María de Atero en base a diseños de Joaquín Toesca (Palacio de La Moneda y la Catedral).

El tercer traslado se produce en 1834 a un edificio de dos pisos construido especialmente para albergar los 40 mil volúmenes de la Biblioteca, y que actualmente son los terrenos donde se encuentran los jardines del Congreso Nacional (Bandera con Catedral). 

Lueg1o, en 1886 se traslada al Palacio del Real Tribunal del Consulado y en donde se desarrolló el Cabildo de 1810, actual terreno de los Tribunales de Justicia (Compañía con Bandera). Se mantiene en este lugar hasta el año 1925, año en que se traslada a su actual sede en la calle Alameda. 

En el que fuera el solar ocupado por el convento y templo de las monjas clarisas se colocó hace 100 años la primera piedra de la Biblioteca Nacional. Sobre los terrenos que costaron 2 millones de pesos, se levantó la construcción diseñada por el arquitecto chileno Gustavo García del Postigo. El proyecto tardaría 12 años en terminar su etapa por el lado de la Alameda y recién en 1963 quedaría completamente terminado con la ampliación a calle Moneda. Un palacio que tiene lujosas terminaciones en mármol, bronces y maderas finas que fueron encargados a artistas y artesanos. En tanto que las pintturas murales corresponden a los pintores Alfredo Helsby, Arturo Gordon, Cortois de Bonnencontre y Camilo Mori.