Caballos chilenos con historia

Debemos hacer un homenaje a un caballo de la Paz, que también hizo gloria a la patria, montado por un oficial de Ejército, me refiero a “Huaso”. 

Caballos chilenos con historia

En nuestra historia patria, el caballo siempre ha ido de la mano de esta y del jinete que lo ha montado, sea en la guerra y en la paz. Miles son los caballos que anónimos han dado sus vidas en el campo de batalla en las guerras que Chile ha librado, como también miles los que han muerto en los campos de cultivo, desiertos de salitre y cobre mineral, y nobles aquellos de las ciudades donde sirvieron para el progreso nacional.

Como no dejar de recordar a O’Higgins montando su caballo en el desastre de Rancagua durante la Guerra de Independencia cuyo monumento lo muestra como un jinete altivo en su montura con un bravo ejemplar elevándose en sus dos patas delanteras teniendo abajo a un moribundo soldado español del Regimiento “Talaveras de la Reina”.

Así como el monumento al General Manuel Bulnes, también montando su caballo de aspecto cansado luego de la gloriosa batalla de Yungay un 20 de enero de 1839 durante la Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana. Y al bravo e insigne “siempre vencedor jamás vencido” del General Manuel Baquedano montando su heroico caballo “Diamante”, también en monumento en la Plaza del mismo nombre del héroe.

Pero debemos hacer un homenaje a un caballo de la Paz, que también hizo gloria a la patria, montado por un oficial de Ejército, me refiero a “Huaso” y esta es su historia:

El caballo "Huaso" nació en Chile. Era un alazán de pura sangre de 1.68 metros de altura. "Huaso" fue vendido a un Club de Polo, pero regresado rápidamente porque no se adaptaba al duro entrenamiento ni al golpe de los tacos.

Posteriormente "Huaso" fue comprado por el Ejército de Chile e iniciado por el Capitán Gaspar Luejen en doma, pero en su debut tuvo un accidente que casi le cuesta el sacrificio.

Fue el Capitán de Ejército, Alberto Larragibel Morales quién redirigió la actividad de "Huaso" en el salto ecuestre.

En 1948, el binomio, Alberto Larragibel con su caballo "Huaso", baten el record sudamericano con 2.37 mts de altura y el 5 de Febrero de 1949 baten el record mundial de equitación saltando 2.47 mts. en el Regimiento Coraceros de Viña del Mar.

"Huaso", había saltado en dos oportunidades y en su último intento el silencio en el campo ecuestre era sepulcral. Cuando el animal elevó el vuelo nadie respiraba, y cuando sus patas delanteras tocaron el suelo, el público rompió en gritos y llantos. La banda del Regimiento empezó a tocar nuestro Himno Nacional, mientras en muchas mejillas rodaban lágrimas de felicidad, orgullo y patriotismo", conforme relatan los testigos.

Después de su hazaña, "Huaso" paso a un merecido descanso en la Escuela de Caballería de Quillota, donde se paseaba por los prados y jardines sin que nadie lo montara hasta el día de su muerte, el 24 de Agosto de 1961.

Su salto nunca ha sido superado, manteniendo aún el record mundial de salto alto en equitación. Se ha intentado reiteradas veces romper el récord de Huaso, pero hasta hoy no se ha logrado. Es un récord chileno que lleva invicto más de 65 años.

A fines de 2007 se instaló un monumento en su recuerdo ubicado en la avenida Jorge Montt de Viña del Mar cercano al reloj de sol.

Existen libros que relata la vida de Huaso, uno llamado "Caballo Loco campeón del mundo" por Luis Alberto Tamayo y otro "Quique Hache y el caballo fantasma" por Sergio Gómez. También está "El Jinete Alado", del periodista e historiador quillotano Roberto Silva Bijit.

Respecto de aquel memorable salto, el capitán Alberto Larraguibel diría:

"Me dirigí a la cancha y en la entrada noté mucho nerviosismo, todos me apuraban. Me fui a la nave y ordené al soldado caballerizo que me siguiera e hiciera todo lo que yo le ordenara. Le dije: dale una vuelta al caballo alrededor de la pista y déjalo y que coma algunas hojas si quiere. Así lo hizo, y el caballo, nervioso, le dio tarascones a las matas de cardenal que cuidadosamente adornaban el recinto. Dimos una vuelta más, mientras todos insistían en que yo montara. Deseaba que el caballo viera al público y se tranquilizara. Ante tanta insistencia, no me quedó más que subir a mi cabalgadura, lo que hice con toda calma".

"En el primer intento 'Huaso' rehusó. Si lo hubiera "huasqueado" se habría puesto nervioso, porque un animal se da cuenta cuando se le está pidiendo algo superior a sus fuerzas. En el segundo intento debo haberme equivocado en un centímetro, porque 'Huaso' pasó las manos, pero rozó con el vientre y las patas, botando la vara".

"Volví a desmontar y a medir las distancias, una y dos veces; el mayor Montti se colocó en un lugar determinado para dar el 'ya' desde donde debía empezar a apurar el caballo. Lo conduje por última vez frente al salto, le hablé, lo acaricié, le transmití toda mi fuerza y mi fe y le dije: 'Huaso', esta es nuestra oportunidad. Ahora o nunca. Entonces picó justo donde me lo había fijado y en un accionar mágico de elasticidad, potencia, decisión y armonía, voló por el aire, salvando el obstáculo con cero falta".

Esta hermosa historia de un caballo aún invicto y que por la casualidad del destino lleva el nombre de “Huaso”, nuestro típico hombre nacional, es parte de la patria y de nuestra Identidad Chilena.