Cambio climático: mis antepasados fueron egoistas

Nos llama a asumir  estrategias de desarrollo y consumo que dejen de lado el supuesto de que la renovación de la naturaleza es infinita. Un  llamado a asumir de una vez por todas que el daño provocado, en muchos aspectos, es irreversible y que mantiene a millones de seres humanos sumidos en la pobreza y la marginalidad.

Por: Catalina Parot.

Cambio climático: mis antepasados fueron egoistas

El urgente llamado que hiciera el Papa Francisco en su Encíclica Laudato si, cobra importancia en el marco de la Cumbre de la Tierra que se celebra en Francia y que ha convocado a la mayor cantidad de Jefes de Estado que se tenga memoria en una reunión de esta naturaleza.

El llamado del Pontífice es a avanzar hacia un  cambio en los modelos economicos imperantes y  especialmente en la cultura del consumo y el descarte que se promueven en nuestras sociedades. Nos llama a asumir  estrategias de desarrollo y consumo que dejen de lado el supuesto de que la renovación de la naturaleza es infinita. Un  llamado a asumir de una vez por todas que el daño provocado, en muchos aspectos, es irreversible y que mantiene a millones de seres humanos sumidos en la pobreza y la marginalidad.

Sin embargo, en la misma Encíclica afirma que las instituciones internacionales han sido ineficaces para definir  normas y estatutos que rijan el uso y cuidado de los bienes comunes, ya que los compromisos que asumen los países respecto de ellos no pasan de ser declaraciones voluntarias que en consecuencia no están obligados a cumplir y de hecho no cumplen.

No hay muchas esperanzas cifradas en esta convención de Paris. El inmediatismo, el afán de poder y control, y la ambición desmedida, no permitirán que medidas urgentes se tomen con decisión. Así es muy probable que el calentamiento global siga su curso, que las emisiones y la contaminación continúen, que se produzcan mayores inundaciones, sequias y migraciones, a consecuencia de causas climáticas.

Probablemente, la indiferencia de los actores internacionales se sustente en la esperanza de que ante la inminencia del fin del planeta, después de haberlo esquilmado, podamos encontrar en  la tecnología la solución al problema y que en ese futuro catastrófico la permanente capacidad de auto regeneración de la naturaleza le permita sobreponerse a los daños recibidos.

Esta generación y las anteriores hemos desarrollado un profundo respeto y admiración por nuestros antepasados. Porque fueron aventureros que salieron a la conquista de nuevas tierras y abrieron oportunidades para sus descendientes, porque pelearon en batallas sangrientas y difíciles para proteger nuestra soberanía y nuestra libertad.

Esperemos que no llegue el día en que las nuevas generaciones, al recordar el pasado y mirar su presente, digan con un sabor amargo en sus bocas y con odio inundando sus ojos, “mis antepasados fueron unos viejos egoístas y mediocres. No pensaron en nosotros”.