Carmela Carvajal, la viuda del hÉroe Arturo Prat

Carmela aceptó las reliquias del esposo difunto y comprendió que Arturo había muerto según el deseo más vivo de éste: defendiendo a su patria.

Carmela Carvajal, la viuda del hÉroe Arturo Prat

Pasó a la historia dado el gran amor que tuvo hacia su marido, el capitán de fragata Arturo Prat Chacón y por el gran número de cartas que ambos se enviaron. Nos referimos a Carmela Carvajal, quien conoció desde muy pequeña a quien sería su marido.

A temprana edad quedó huérfana de padre, debiendo trasladarse en compañía de su madre y sus hermanos a Valparaíso. No habiendo trascurrido mucho tiempo murió su madre, por lo que el hijo mayor, José Jesús, asumió la responsabilidad de mantener a los demás vástagos de la familia.

Realizó sus estudios bajo la dirección de una congregación de monjas. Al parecer, fue con estas religiosas que aprendió rudimentos de lengua francesa, literatura y las nociones comunes a toda muchacha de su condición social: tejido y bordado, labores que se veían frecuentemente acompañadas de algunos conocimientos elementales de piano.

Junto a Arturo Prat se casaron un 5 de mayo de 1873, en la parroquia del Espíritu Santo de Valparaíso. Luego de la inmolación de Prat, fue el almirante Miguel Grau quien envió a Carmela las prendas que pertenecieron a su esposo. Carmela aceptó las reliquias del esposo difunto y comprendió que Arturo había muerto según el deseo más vivo de éste: defendiendo a su patria.

Carmela Carvajal de Prat murió el 16 de agosto de 1931, a la edad de 80 años. A sus funerales asistió, en representación de Juan Esteban Montero Rodríguez, presidente de la República en aquella época, el ministro de Marina Calixto Rogers, quien pronunció el discurso oficial. Algunas normas jurídicas se promulgaron con el propósito de preservar la dignidad de esta mujer, mediante manutenciones.

Así, una ley dictada el 12 de septiembre de 1879 le concedió una pensión vitalicia de 2.400 pesos anuales, y una imposición anual de 500 para sus dos hijos, Arturo y Blanca Estela. Otra ley, de 1º de septiembre de 1880, aumentó la pensión a 6.000 pesos; la del 28 de enero de 1910, a 12.000 pesos; y, por último, la del 8 de agosto de 1912 lo hizo en 18.000 pesos.