Cerros y volcanes de Chile: El Villarrica o casa del pillán

Se trata de uno de los volcanes más activos de Sudamérica y tiene una forma cónica casi perfecta. Para la cosmovisión mapuche, el llamado Rucapillán representa el hogar para uno de sus espíritus.

Cerros y volcanes de Chile: El Villarrica o casa del pillán

El volcán Villarrica se encuentra a unos pocos kilómetros de la ciudad de Pucón. Con 2.847 msnm, se encuentra activo y su cráter es de sólo 200 metros de diámetro. Este icónico macizo tiene 59 erupciones históricas y las mayores de este siglo fueron en los años 1908, 1920, 1948, 1949, 1963, 1971 y 1984-85.

Curiosamente, el cráter se encuentra a poca distancia de varios centros poblados, entre los que destacan las ciudades turísticas de Villarrica y Coñaripe. De hecho, sobre la ladera norte del volcán se encuentra el Centro de esquí Pucón.

Una gran alternativa para conocer el volcán Villarrica es recorrer el sendero que lleva al glaciar Pichillancahue. Esta ruta se encuentra enclavada dentro del Parque Nacional Villarrica, teniendo una extensión de 7,2km (ida y vuelta) que permiten al visitante adentrarse en los dominios del volcán Villarrica, en un comienzo a través de un bosque de araucarias, que luego da paso a un terreno eminentemente volcánico, desde donde se tiene una hermosa vista a la cara Este del volcán y el hermoso glaciar que cae por ésta.

Este último glaciar recibe el nombre de Pichillancahue, que en mapudungun significa "pequeño lugar de piedras verdes". El sendero llega hasta los pies mismos del glaciar, permitiendo en una hermosa excursión tener grandes vistas a los volcanes de la zona como el Lanín, Quetrupillán y Mocho-Choshuenco.

El volcán en la cosmovisión Mapuche 

El pueblo mapuche consideraba al Villarrica como el hogar de un pillán (de ahí el nombre de "Rucapillan"), espíritu mayor de su panteón, ya que las entrañas y calderas del Villarrica son regidas por otro espíritu principal de la naturaleza, un "ngen", el cual es tutelar y propietario del volcán. 

Este tipo de ngen es también conocido como ngen-winkul o espíritu de los volcanes y cerros. Junto a esta presencia tutelar, en el Villarríca habitaría una corte de pillanes, espíritus menores en relación al ngen, pero sumamente poderosos.

El simbolismo del volcán es claro: está asociado a lo bueno, en oposición al volcán Llaima, que es considerado el volcán asociado al mal.

Mientras el propicio Rucapillán inspira sueños benéficos y "buen tiempo", el Llaima transmite a los durmientes malos augurios.