Ciencia y futuro de Chile

Cuando se les pregunta a los chilenos que es lo más importante para el país, la mayoría responde que es el bienestar social, y curiosamente no el bienestar económico. El problema no es ser más o menos rico, el problema es la distribución de la riqueza. Y peor aún, para lograr el tan anhelado bienestar social, necesitamos alcanzar el desarrollo económico, y éste a su vez se funda en la ciencia y la innovación, lo que significa que debemos saber más que la competencia. 

 

Ciencia y futuro de Chile

Hasta hoy, los países que desarrollan ciencia básica y viven de la innovación, son los que descubren, patentan y crean nuevos productos e incluso nuevas necesidades. Ninguna nación está vetada para seguir el camino de la innovación, pero pocas tienen la determinación para invertir, aplicarse y seguir la senda de la investigación, la educación, la rigurosidad y la excelencia, responsablemente mezclada con el premio a lo nuevo y el impulso a la imaginación. Las naciones desarrolladas no invierten en ciencia y tecnología porque son ricas; son ricas porque invierten en ciencia y tecnología.

Los últimos cincuenta años nos muestra que el desarrollo de los países líderes está directamente relacionado con la ciencia y su aprovechamiento en forma de tecnologías e innovaciones. Los últimos cincuenta años muestran que el salto al desarrollo que necesita de nuestro país, depende de una relación virtuosa entre ciencia, innovación y políticas públicas. 

Un país que no invierte en ciencia y tecnología, no genera nuevo conocimiento, ni es capaz de materializar una nueva idea, está condenado al subdesarrollo. 

Si por el contrario estudiamos nuestro mundo y generamos nuevas ideas, la aplicamos y en base a ellas desarrollamos nueva tecnología, lo que hacemos es revitalizar la economía y movilizar capital al tiempo que protegemos y aseguramos la existencia de nuestros recursos naturales, producimos nuevos servicios y productos de calidad, generamos nuevos empleos y bienestar social. En definitiva, hacemos posible la realidad del progreso para todos. 

Y esto ¿por qué es importante? Porque Chile se enfrenta no sólo con altos niveles de competencia de los mercados. Nos enfrentamos a grandes retos globales, como son la disminución de los recursos hídricos, la contaminación, la desertificación, drásticos cambios climáticos y la desaparición de importantes recursos naturales, entre otros. Estos son los problemas del futuro. 

Estos problemas requieren de soluciones concretas únicas para Chile, soluciones que sólo pueden desarrollarse en nuestro país a partir de conocimiento científico.

La ciencia y la innovación se constituyen entonces, en una herramienta central e indispensable para conjugar las necesidades de estos retos y amenazas. Con ellas se puede desarrollar la tecnología que nos permitirá aumentar nuestra productividad y competitividad. 

Si sólo compramos tecnología en vez de crearla, corremos el peligro de convertirnos en país dependiente de tecnologías, patentes e invenciones que reducen nuestras oportunidades de negocio a productos sin valor agregado. Es por ello que nuestro Gobierno está comprometido con impulsar en Chile la nueva sociedad del conocimiento y la información y fortalecer nuestro capital humano. Para ello debemos desarrollar la ciencia, la tecnología y la innovación.

Históricamente las innovaciones ayudaron a que países o regiones se volvieran mejores lugares para vivir. Sin embargo, lo innovador es un estado cambiante: y es el desarrollo de buenas políticas públicas de administración de esta nueva riqueza las que han ayudado a mantener el bienestar logrado y no perder todo avanzado.

Visión histórica

Desde la rueda, la pólvora hasta el telégrafo; desde el motor de combustión interna hasta la televisión, miles de productos han significado una ventaja tremenda en el desarrollo de las sociedades industriales. 

Sin embargo, es a finales de la segunda guerra mundial, cuando Estados Unidos gana la guerra gracias al aporte de sus científicos (con innovaciones bélicas como la bomba atómica, por ejemplo), que se desarrollan las más famosas políticas públicas de generación de ciencia para conseguir innovaciones.

Desde entonces todos los países desarrollados (ODCE) han fomentado el uso de la ciencia para generar innovación, tanto en el plano económico como en el social. 

Esto es relevante, ya que algunos países han tenido ventajas comparativas tremendas pero no aprovechadas. Chile, con el salitre, es un ejemplo de ello. Otros países han tenido ventajas comparativas correctamente aprovechadas, como Australia y la industria mecánica asociada a la minería, un área en la que nuestro país no ha logrado darle valor agregado.

Hasta hoy, el cobre ha sido muy importante para el desarrollo de Chile. ¿Podrá seguir siéndolo? sugiere un nuevo rol del cobre: la generación de innovación tecnológica. Hay que recordar que la innovación tecnológica es la base para aumentar la productividad y llegar a ser un país desarrollado.

Ello es posible si se le da al cobre un nuevo rol: la generación de innovación tecnológica, clave para aumentar la productividad.