Colaboración entre ciencia y empresa: hacia la derrota del cáncer

Nadie puede discutir que el conocimiento es factor de desarrollo en las sociedades contemporáneas. El descubrimiento científico y los avances tecnológicos son los motores primarios no sólo para ampliar las fronteras del conocimiento humano, sino también para responder de maneras prácticas innovadoras a los retos y oportunidades del siglo 21. Un ejemplo de ello es la droga identificada con el número 1537 desarrollada en Chile, por chilenos y con capitales chilenos, y que recientemente ha sido autorizada por la Food and Drug Administration, FDA, para iniciar sus pruebas en humanos en el hospital de la Universidad de California en San Francisco (UCSF). Todo un ejemplo de porque realizar investigación básica en Chile.

Colaboración entre ciencia y empresa: hacia la derrota del cáncer

Con una inversión de solo 18 millones de dólares, 15 de los cuales fueron aportes de privados y el resto a fondos públicos, la droga fue desarrollada por científicos chilenos, en Chile y con capitales también chilenos. Tal como relata revista Qué Pasa en su edición del 13 de noviembre pasado, su primera fase de prueba indica que podría convertirse en lo que se denomina la “bala mágica”, un concepto utilizado por los científicos para referirse a las drogas inteligentes que de manera selectiva, atacan solo las células cancerígenas, sin afectar al resto de células sanas. La revista Nature destaca sobre esta investigación, que los 18 millones de dólares es una baja inversión comparada con el promedio mundial, que según The Economist, alcanza los 500 millones de dólares.

El equipo responsable de la creación de esta droga es encabezado por el científico y empresario Pablo Valenzuela, el bioquímico Luis Burzio, responsable del descubrimiento y el desarrollo de la investigación, y Bernardita Méndez, encargada de los temas de propiedad intelectual y de la tramitación ante la FDA. Llegar a esta fase de aprobación estadounidense fue posible gracias a la intervención de Pablo Valenzuela. Pues transformar este gran descubrimiento en droga y en un eventual tratamiento contra el cáncer, requería de más estudios y por tanto de mayores fondos, una materia en la que Valenzuela tenía mucho que aportar. 

Premio Nacional de Ciencia, es un hombre de experiencia en la investigación científica y su asociación con los privados. El año 1981 creo un modelo de colaboración entre ciencia y empresa, bautizada “Chiron”, centro con que ha realizado indiscutibles contribuciones para la ciencia y el bienestar de la población mundial: “la creación de la vacuna contra la hepatitis B, el descubrimiento del virus de la hepatitis C y la secuenciación del genoma del virus del Sida”. Chiron estudia el descubrimiento de Burzio y quedan impactados. 

Por ello Valenzuela convence a Burzio y su equipo a instalarse con una empresa en Santiago, instalando su laboratorio en el parque tecnológico creado por Valenzuela en Avenida Zañartu, en Ñuñoa. Unos años después se les sumaría Verónica Burzio, hija de Luis, y luego el laboratorio comenzaría a crecer. Llegaron más científicos, y pasaron estudiantes de posdoctorado desarrollando sus tesis sobre distintos aspectos de la investigación principal. Comienza así la búsqueda de inversionistas mientras continúa la investigación, el proceso de inscripción de patentes y finalmente, la postulación para obtener la autorización de la FDA para el inicio de las pruebas clínicas.

Los orígenes de este descubrimiento se remontan al año 1980, cuando el Luis Burzio, continúa con sus estudios de la espermatogénesis, iniciados años antes en Estados Unidos, en la Universidad Austral de Valdivia, específicamente en como los espermatozoides contribuyen al futuro cigoto (célula, que por el proceso de mitosis, origina todos los sistemas de un nuevo ser vivo). Luego descubriría una nueva molécula: un ácido ribonucleico, RNA, “de origen mitocondrial no codificante (es decir, que no actuaba como mensajero del ADN para formar una proteína)”, lo que más tarde lo llevaría a plantear que “ese RNA era fundamental para comenzar las divisiones celulares del cigoto, del huevo fecundado”. Es decir, se descubre que existe una diferencia entre las células normales y cancerígenas a nivel de ARN. 

Sin recursos para estudiar este descubrimiento en un proceso de fertilización in vitro, y “sabiendo que después de la fertilización lo primero que viene es una serie de divisiones celulares sucesivas y bien rápidas”, como relata uno de los investigadores del equipo, buscaron un proceso que fuera parecido, decidiendo estudiar las células de los tumores, pues “si los tumores proliferan, debería existir este RNA en las células tumorales”. Confirmada la hipótesis, el siguiente paso fue introducir en la célula tumoral una molécula compleja: el oligonucleótido, provocando la muerte de célula enferma. Luego se prueba con una célula normal, comprobando con asombro que ésta no sufría daño. Solamente morían las células tumorales. De ahí su nombre de “bala mágica”. 

Esperando que el sueño no termine y que se supere con éxito la prueba clínica, es decir que la droga no resulte tóxica, los científicos deberán avanzar a las fases 2 y 3, es decir las pruebas con las cuales deberán medir la efectividad de la droga, para lo cual necesitarán de nuevos y mayores recursos. Mientras se desarrolle la prueba clínica, en los laboratorios de Andes Biotechnologies el trabajo no se detiene. 

Sea cual sea el resultado, esta experiencia es una oportunidad para plantearnos una nueva forma de hacer las cosas. Hoy nadie duda que el bienestar social se basa en el bienestar económico, y que éste a su vez se funda a su vez en la ciencia y la innovación. Sin embargo, para llegar a la verdadera innovación es necesario saber más que la competencia. Hasta hoy, los países que desarrollan ciencia básica y viven de la innovación, son los que descubren, patentan y crean nuevos productos e incluso nuevas necesidades. Ninguna nación está vetada para seguir el camino de la innovación, pero pocas tienen la determinación para invertir, aplicarse y seguir la senda de la investigación, la educación, la rigurosidad y la excelencia, responsablemente mezclada con el premio a lo nuevo y el impulso a la imaginación. 

Los últimos cincuenta años han mostrado que el desarrollo de los países líderes está directamente relacionado con la ciencia y su aprovechamiento en forma de tecnologías e innovaciones. Los últimos cincuenta años muestran que el salto al desarrollo que necesita de nuestro país, depende de una relación virtuosa entre ciencia, innovación y políticas públicas. 

Un país que no invierte en ciencia y tecnología, no genera nuevo conocimiento, ni es capaz de materializar una nueva idea, está condenado al subdesarrollo. 

Fuentes:
• ARAVENA, Fernando. En busca de la bala mágica. EN: http://www.quepasa.cl/articulo/ciencia/2015/11/en-busca-de-la-bala-magica.shtml/
• Verónica Burzio: “Chile ganará la carrera contra el cáncer”. EN: http://www.explora.cl/2015-03-26-04-22-44/entrevistas/6985-veronica-burzio-chile-ganara-la-carrera-contra-el-cancer
• Pablo Valenzuela, PhD. EN: http://www.cienciavida.org/pablo-valenzuela-ph-d/
• Andes Biotechnologies. http://www.andesbio.com/research_and_development/
• Pablo Valenzuela Valdés. EN: http://www.ceo.cl/609/article-15095.html