Crisis de las instituciones

En Chile en los últimos dos años hemos sido sacudidos por diversos escándalos, que afectaron tanto al sector privado como a instituciones fundamentales para la democracia como son el Congreso y la Presidencia de la República.

Por: Catalina Parot Donoso.

Crisis de las instituciones

En la era de la globalización, en la que se concentran los poderes económicos y financieros, el  fenómeno de  la corrupción se acrecienta y  alcanza a las más altas  instituciones, tanto estatales como internacionales. Simbólico resulta el caso de corrupción detectado en la ONU con acusaciones de conspiración para sobornar a un responsable de dicho organismo, pago de sobornos y conspiración, para efectuar transporte ilegal de dinero y fraude impositivo.

El debilitamiento institucional no es chacota. Tanto para gobernar la economía nacional y mundial, para salvaguardar el ambiente, para proteger los derechos de las personas, especialmente de los más débiles, se necesitan  instituciones sólidas, respetadas y legítimas.

En Chile en los últimos dos años hemos sido sacudidos por diversos escándalos, que afectaron tanto al sector privado como a instituciones fundamentales para la democracia como son el Congreso y la Presidencia de la República.

Cuando por salas parlamentarias se cuela el cohecho, cuando la malversación de fondos públicos se transforma en práctica común en municipios, cuando a nadie escandaliza el tráfico de influencias, cuando en  nombramientos y contrataciones públicas se enquista el clientelismo,  es solo cuestión de tiempo para que el desprestigio institucional termine por minar las confianzas y las trasforme  en  entes incapaces de cumplir con sus fines: promover el bien común y asegurar la protección de los derechos.

Por eso las consecuencias de las acciones del actual Gobierno son tan graves, porque han debilitado profundamente las instituciones y lo siguen haciendo. Ejemplos evidentes son la demora y el penoso proceso de nombramiento del Contralor General de la República, así como en el genérico y poco claro anuncio de inicio de  un proceso constituyente.

Tal vez algunos ciegos y corruptos estarán contentos con el debilitamiento institucional, todos saben que éste favorece a rupturistas, anarquistas y oportunistas. Sin embargo, aquellos con algo de sentido común sabemos que el debilitamiento de las instituciones hace imposible la justicia y el derecho.