¿Cuáles son los nuevos desafíos para nuestro país?

Por: Rudolf Thomann. Una primera reflexión es que el concepto tradicional de que heredamos un territorio original, no alterado dentro del cual nacimos y que se nos ofrecía para su goce, ya es extemporáneo. 

¿Cuáles son los nuevos desafíos para nuestro país?

Vivimos en una aldea global, ni siquiera por el hecho de estar marginados geográficamente cerca del fin del mundo, hoy en día logramos escaparnos de la influencia que ejercen las demás naciones y culturas sobre nuestro territorio. Y es que hoy por hoy ya no existen las distancias como antaño, eso es parte del pasado y entonces no es de admirarse que tratemos de mantener nuestra identidad a todo precio y a todo esfuerzo.

Claro, porque la globalización homogenizante en todo orden de cosas a la que estamos sometidos, también genera la reacción opuesta, cual es la de tratar de diferenciarnos. Esto, a través de destacar nuestra identidad específica, eso que nos hace diferentes de todos los demás y que es propio nuestro. Éste pareciera ser uno de los mayores peligros a los cuales estamos sujetos como conglomerado nacional ya que en este tsunami multicultural que nos arrastra, se desperfilan aquellos elementos y características que nos eran tan propios. El marco físico, la naturaleza de Chile, sus paisajes y recursos naturales con su clima y su gente creaban y daban forma a aquello que nos define como habitantes de este territorio, a lo que llamamos el alma nacional. Si comenzamos a desglosar uno por uno dichos elementos que son motivo de orgullo y que nos identifican, nos daremos cuenta que muchos de ellos se encuentran en franca retirada. Como ejercicio tomemos los atributos que describe nuestro himno patrio:

Parte con “puro Chile”, esta descripción prístina del país ya no aplica tanto y continúa con “es tu cielo azulado” que lo menos que uno puede hacer es recordar la cantidad de “zonas saturadas” que ya existen en el país, ni siquiera Coihaique en la Patagonia se escapa de este flagelo de la contaminación atmosférica que transforma el cielo azul en una nube tóxica. Y así podríamos seguir con cada una de las estrofas del himno, sometiéndolas a un proceso de actualización que nos pone paños fríos al momento de pensar en nuestro patrimonio nacional. Este ejemplo es sólo aquello que refleja las condiciones tangibles y físicas que nos provee la naturaleza, si ahora extrapolamos y extendemos este ejercicio a los valores, actitudes, estilos de vida, etc. que nos caracterizaban como entes sociales que somos, entonces nos daremos cuenta que aquí también es preciso hacer un “upgrade” o actualización de la situación, porque los cambios que se han sucedido y siguen sucediéndose al interior de la sociedad, superan a veces con creces nuestra capacidad de asimilación. Y es que muchos de estos cambios no nacen de nuestra realidad, sino que son impuestos desde afuera y son incorporados de cualquier manera. De ello surge entonces la pregunta: ?Cuáles son los nuevos desafíos que debemos enfrentar como conjunto para tener la sensación de que seguimos viviendo en el mismo país que añoramos y atesoramos en nuestro imaginario?   

Una primera reflexión es que el concepto tradicional de que heredamos un territorio original, no alterado dentro del cual nacimos y que se nos ofrecía para su goce, ya es extemporáneo. Esto porque al cabo de algunas generaciones hemos logrado cambiarle la cara al país. Claro, todavía existen zonas y ambientes poco intervenidos, pero en su mayoría nuestra mano transformadora ha ido modelando más y más el paisaje. Lo mismo ocurre con el clima, quién se iba a imaginar una generación atrás que seríamos capaces de alterar el clima, que llovería en el desierto y que habrían sequías en el sur, porque nosotros provocaríamos dichos cambios. Y así como estos hay más ejemplos de las variables que estamos cambiando en nuestro país. Entonces asumiendo que Chile está cambiando y que aquí confluyen tanto fuerzas externas como internas – esto en la ecología se describe como causas alógenas o autógenas -, nos preguntamos respecto de la dirección que tienen estos cambios. Y es precisamente ahí donde nos asalta la duda: ¿estamos haciendo de este territorio un país más amable, más agradable para la vida de sus habitantes, más sano, más vivible y más perdurable? Se deja planteada esta pregunta en el aire para que sea respondida en forma personal por cada cual que se haya tomado el tiempo de leer esta líneas.