¿Cuando dejamos de querer a Chile?

OH Chile, largo pétalo de mar y vino y nieve, ay cuándo; ay cuándo y cuándo; ay cuándo me encontraré contigo, enrollarás tu cinta de espuma blanca y negra en mi cintura, desencadenaré mi poesía sobre tu territorio.

¿Cuando dejamos de querer a Chile?

Desde lejos llegan los suspiros nostálgicos de Neruda por su querido Chile. Describe nuestro país como un largo pétalo de mar y vino y nieve, pero Chile, sintetizado así por las urgencias de la poesía, es mucho mas, duele más y exige más.

Es cierto que tenemos recién 200 años de historia y que así como se perdona al niño adolecente, podríamos conformarnos con que el olvido, la negligencia, el abandono y la mediocridad, son nuestros pecados de juventud, dignos de misericordia, justificación y perdón.

Porque hemos dejado de reconocernos en nuestro territorio, en nuestra gente, en nuestras tradiciones, ya no destinamos tiempo a pensar en el largo plazo, en sembrar hoy para que cosechen las futuras generaciones. Todo debe ser decidido rápidamente y sus efectos medibles hoy.

Y así vamos errando de tumbo en tumbo. Millones de hectáreas de bosque nativo quemadas en un veranito cualquiera. Pasado el sol viene el olvido, a esperar que nuevamente las llamas destruyan otros millones de hectáreas hasta que nada quede de nuestros bosques milenarios.

¿Quién planifica las plantaciones de bosques de pino? ¿Quién ordena? Nadie, así es, nadie. Hay ciudades que están en el centro de un polvorín, un día una chispa voladora será la causa de una tragedia dantesca, como estuvo a punto de suceder en Constitución, como sucedió en Valparaíso y también en Curepto.

Qué diremos de nuestro norte querido, de belleza silenciosa, de silencio de arena y piedra, oro, cobre, metal. Norte de contrastes radicales, das la vuelta en un camino desde el cual emerges maravillado, para encontrarte con los desechos de las mineras, áridos y basura. Paisajes que rememoran el infierno. Abandono y soledad en los pueblos milenarios, así también abandono en las grandes ciudades.

Norte querido, sufrido y generoso, perdona nuestra ingratitud.

Urge reencantarnos con el don maravilloso que es este país, potenciar políticas de largo plazo que ordenen el territorio, permitan prevenir las catástrofes y aprovechar de mejor manera los recursos naturales, desarrollar ciudades mas integradas y amables con la vida, abrir oportunidades a los valiosos chilenos que quieren jugársela por Chile.

Donde esté nuestro corazón estará nuestro tesoro.