Cuando los Holandeses quisieron hacerse de Chile

En algún momento de nuestra historia, indígenas y holandeses se unieron para derrotar a los españoles en Chile luego de que el corsario holandés Baltazar de Cordes, lograra apoderarse de Castro en abril de 1600. Sin embargo, el 15 de agosto de ese año, un hábil Coronel impidió el giro en la historia.

Cuando los Holandeses quisieron hacerse de Chile

Baltazar de Cordes era el capitán de una las naves de la expedición que Jacobo Mahú y Simón de Cordes, entre otros comerciantes Holandeses provenientes de Rotterdam, habían emprendido para comerciar con América, establecer colonias y socavar el poderío español.

Al cruzar el Estrecho de Magallanes las tormentas separaron a la flota y "La Fe", al mando de Baltasar de Cordes se refugió en el archipiélago de Chiloé. Los holandeses recibieron auxilio de huilliches de Lacuy y pactaron con ellos una alianza para tomar Castro y acabar con los españoles. Mediante el ardid de hacerse pasar por comerciantes pacíficos y contar que ellos deseaban ayudar a repeler un pronto ataque de los indígenas con el que habrían fingido estar de acuerdo, Cordes se ganó la confianza de las autoridades de Castro y logró que los pobladores de la ciudad se encerraran en la iglesia. Una vez llegados los huilliches, mató a sus jefes y también a los varones españoles y construyó un fuerte improvisado.

En ese momento, tuvo conocimiento de la llegada de corsarios a Chiloé el coronel don Francisco del Campo, quién se aprestaba para iniciar los planes de una repoblación de Valdivia, la que había sido atacada por el levantamiento indígena iniciado en el desastre de Curalaba. Así, ante el temor de que estos extranjeros pudieran unirse a los indígenas alzados, y prestarles una inmensa ayuda; del Campo decidió inmediatamente ponerse en marcha al sur.
Luego, cuando este fuerte fue retomado por el contingente español, Cordes huyó por mar y estuvo varias veces a punto de ser atrapado. Finalmente, lo apresaron las autoridades de El Callao.

En cuanto al coronel Francisco del Campo, después de una breve y victoriosa campaña, alejó el peligro corsario y regresó a Osorno, ciudad que en ese momento se encontraba en una situación calamitosa producto del alzamiento huilliche.