Desarrollo agroalfarero en Chile Central: cultura Aconcagua

Una vez que se realizaron los primeros contactos de los hispanos con los indígenas, los aborígenes fueron nombrados por algunos cronistas como los “mapuches del norte”, debido a sus similitudes con las poblaciones nativas del sur.

Desarrollo agroalfarero en Chile Central: cultura Aconcagua

En el siglo XVI la población autóctona en los valles del río Aconcagua, Mapocho, Maipo y hasta el río Maule, fue con lo que se encontraron los españoles que llegaron a aquellas zonas. Esta extensa población aborigen habitaba en caseríos dispersos, sin formar pueblos o aldeas mayores.

Esta denominada “cultura Aconcagua” presentaba un modelo de vida semisedentario, con muchas especializaciones económicas.  Las comunidades Aconcagua, instalaron sus viviendas de quinchay sistemas de regadío en los valles del interior, también construyeron sus viviendas en terrenos planos junto a ríos y en rinconadas, así como en los ascendentes callejones transcordilleranos o terrazas marinas que enfrentaban el litoral Pacífico.

Una vez que se realizaron los primeros contactos de los hispanos con los indígenas, los aborígenes fueron nombrados por algunos cronistas como los “mapuches del norte”, debido a sus similitudes con las poblaciones nativas del sur.

Si bien existían varias lenguas en la región, el mapudungun era la lengua de todo el centro sur de Chile. Los grupos del Aconcagua compartían además ciertas formas textiles, así como costumbres de comensalidad y ceremonialismo intercomunitario con grupos de El Vergel (900-1540 D.C.), todos, rasgos unitarios en el desarrollo cultural de las sociedades andinas meridionales y del extremo sur del continente.

A través de sus autoridades, muchas comunidades de la cultura Aconcagua establecieron alianzas con los funcionarios incaicos, ya que el ritual mortuorio en los cementerios de esta época comprende ofrendas cerámicas propias del estilo Aconcagua junto a otras de estilo Diaguita-Inca provenientes de los valles de Huasco y Elqui, además de piezas cerámicas de estilo Inca-Paya provenientes de los valles Calchaquíes del noroeste argentino.

Su sólida y centenaria tradición alfarera caracteriza a la cultura Aconcagua. Los sitios arqueológicos con restos de esta cerámica ocupan un amplio territorio, acusando una dispersión regional importante y una vigencia temporal entre los años 900 D.C. y 1540 D.C.

Los asentamientos costeros, aunque menos conocidos, se ubicaban de preferencia en las terrazas litorales, a cierta distancia de las playas y más próximos a desembocaduras de ríos o esteros. En la cordillera de la costa, ocuparon en mayor número los cálidos y fértiles valles sobre los 300 metros sobre el nivel del mar, donde se generan microclimas.

En los valles interiores, se sabe que las comunidades Aconcagua habitaron de preferencia los valles fluviales entre el río Petorca y el Cachapoal, usualmente en las cercanías de las terrazas de los principales ríos, cursos afluentes y cuencas lacustres entre Santiago y Rancagua. Ubicaron sus caseríos a una altura preferente entre 800 y 1.200 metros sobre el nivel del mar. En los sectores cordilleranos, los habitantes de esta cultura convivieron con grupos de tradición cazadora-recolectora, que usualmente transitaban y ocupaban los cursos superiores de los ríos Aconcagua y Maipo así como los pasos cordilleranos trasandinos que comunican con el oriente y a través del Camino del Inca.