Eduardo Yáñez: el mejor jinete del mundo

Fue reconocido en todo el mundo como gran deportista, respetado juez internacional y ejemplar dirigente. Se desempeñó como maestro en la Escuela de Caballería de Quillota. Fue instructor del Instituto Ecuestre de Adiestramiento de Alemania. 

Eduardo Yáñez: el mejor jinete del mundo

Corría el año 1912, el equipo nacional de equitación, formado por Galvarino Zúñiga y Carlos Ibáñez del Campo (que luego sería Presidente de la República), Amaro Pérez y Luis Larenas, participaba en los Juegos Olímpicos de Estocolmo. En aquella oportunidad, a pesar de realizar una buena actuación, no ganaron medalla alguna.

Luego de esto pasaron 40 años sin participaciones en olimpiadas hasta 1952. En aquel entonces, el equipo retornó con la medalla de plata de Oscar Cristi y otra de plata del equipo que integraban el propio Cristi con el teniente César Mendoza -ambos de Carabineros- y el capitán de Ejército Ricardo Echeverría.

Durante aquellos años la equitación chilena tuvo una época dorada. Primero, con Benjamín Rodríguez, ganador del Gran Premio de Polonia en Niza (1929-1930). Después con las hazañas de Eduardo Yáñez en Estados Unidos y Canadá (finales de los años 30 y buena parte de los 40). Finalmente con los triunfos en los Juegos Panamericanos y las giras preolímpicas de los que destacarían en Helsinki. Compitiendo con los más descollantes valores de 14 países, y participando en distintas ciudades, nuestros equitadores se adjudicaron 15 grandes premios, fueron segundos en 35 y resultaron terceros en 40.

Durante todos esos años y por muchos años más, se notó la mano de Eduardo Yáñez, que por su prestigio y capacidad fue el jefe de los equipos ecuestres nacionales durante décadas.

Yañez  se hizo jinete bajo la tutela de Elías, su hermano mayor. Comenzó a llamar la atención en el picadero de la Escuela de Caballería cuando era un Joven teniente. Siendo capitán inició el ciclo más brillante de la equitación nacional. Discípulo fervoroso de la Escuela Alemana, impuesta en el país por Nicolás Larraín Prieto a su regreso de Hannover, Yáñez la adaptó para convertirla en una singular y prestigiada Escuela Chilena.

Los norteamericanos lo apodaron “El Maestro” después de admirarlo en los concursos del Madison Square Garden.

En los anales de la historia ecuestre norteamericana quedó un episodio imborrable para quienes tuvieron la posibilidad de verlo: su duelo con el inglés Ponsonby en el Madison.

“Kineton”, el caballo del británico, era un animal de imponente alzada. “Toqui”, la monta de Yáñez, era un caballo pequeño, muy ágil.

Fue reconocido en todo el mundo como gran deportista, respetado juez internacional y ejemplar dirigente. Se desempeñó como maestro en la Escuela de Caballería de Quillota. Fue instructor del Instituto Ecuestre de Adiestramiento de Alemania. Presidió las Federaciones Ecuestre y de Pentatlón. En uno de los tantos homenajes recibidos fue condecorado por el rey de Suecia.

A todos esos galardones se agregó, en 1981, el más importante: reunido en la ciudad alemana de Baden-Baden, el Comité Olímpico Internacional lo distinguió como “El Mejor Jinete del Mundo”, equivalente a “El mejor de la historia de la equitación”, el premio más importante recibido hasta entonces por un deportista chileno.

Casi cincuenta años después de sus proezas, Eduardo Yáñez recibía el reconocimiento internacional. Un galardón que se hacía más inmenso porque los premiados de otros ámbitos en esa ocasión fueron el Papa Juan Pablo II, el rey de Noruega y el director general de la Unesco.

Fuente: El Mostrador