El árbol y la Navidad

Tratar de entender el significado de los signos de la navidad nos puede ayudar a vivirla mejor y a no caer bajo el ‘tsunami’ de publicidad y consumo que no pocas veces es innecesario.

Por: Guillermo Toro.

El árbol y la Navidad

En este tiempo de navidad un signo característico es el árbol de navidad, ¿cuál es su significado? Preguntarnos por el significado de las cosas ayuda a aprovecharlas mejor y relacionarnos mejor con ellas. Por esta razón, tratar de entender el significado de los signos de la navidad nos puede ayudar a vivirla mejor y a no caer bajo el ‘tsunami’ de publicidad y consumo que no pocas veces es innecesario.

El vínculo simbólico entre el abeto y la navidad se remonta a la acción de la Iglesia Católica en los pueblos germánicos durante el s.VIII d.C. En la religiosidad de aquellos pueblos los grandes árboles eran lugares de la manifestación de sus dioses. En algunos de ellos incluso se ofrecían sacrificios humanos. En esos pueblos alrededor de los días de la fiesta de la navidad cristiana, “se celebraba el cumpleaños de Frey (dios del Sol y la fertilidad) adornando un árbol perenne, cerca de la fecha de la Navidad cristiana. El árbol tenía el nombre de Divino Idrasil (Árbol del Universo): en cuya copa se hallaba el cielo, Asgard (la morada de los dioses) y el Valhalla (el palacio de Odín), mientras que en las raíces profundas se encontraba el Helheim (reino de los muertos)”(1).

Los evangelizadores cristianos como el obispo Bonifacio transmitieron a los pueblos germanos que Dios era uno y era bueno con los hombres por lo que no requería sacrificios humanos. Era tan bueno que se había hecho un hombre mostrando su amor hasta el extremo. Recogiendo la sensibilidad germana por los árboles, san Bonifacio tomó un abeto joven cuyas ramas siempre verdes son signo del amor infinito de Dios manifestado en la vida y la persona de Jesucristo. Para el Papa Juan Pablo II: “En invierno, el abeto siempre verde se convierte en signo de la vida que no muere […] El mensaje del árbol de Navidad es, por tanto, que la vida es ‘siempre verde’ si se hace don, no tanto de cosas materiales, sino de sí mismo: en la amistad y en el afecto sincero, en la ayuda fraterna y en el perdón, en el tiempo compartido y en la escucha recíproca”(2).

Los regalos y adornos ofrecidos a los dioses pasaron a ser las oraciones y ofrecimientos que los pueblos cristianos podían ofrecer a Dios. La morada de los dioses fue reemplazada por la estrella de Belén que indicaba a Jesucristo en quien vivía Dios. El árbol pasó a ser así ocasión para que cada familia y sociedad celebre y recuerde la acción de Dios en el mundo y para darle gracias y pedirle por diversas intenciones.

Hoy el árbol, además de la simbología cristiana, ha pasado a ser un simbolo que es común fuera de la Iglesia Católica recordando a todos que vamos a celebrar una fiesta asociada a importantes valores y sentimientos humanos como la paz, la alegría, la generosidad que hoy nos parecen tan necesarios.

(1)http://www.primeroscristianos.com/index.php/origenes/item/791-el-arbol-de-navidad-sus-origenes-y-sentido-cristiano/791-el-arbol-de-navidad-sus-origenes-y-sentido-cristiano

(2) Juan Pablo II, Audiencia, 19 de diciembre de 2004.