El Corregidor Zañartu: el paciente vigilante de la construcción del Cal y Canto

Zañartu hizo construir, además, una casa al final de la denominada la Calle del Puente (denominada así precisamente por el Puente Cal y Canto), construyéndole un altillo de segundo piso, desde el cual vigilaba diariamente la construcción del puente al comenzar los trabajos sobre el río, cuando no se encontraba en el sitio mismo de las faenas.

El Corregidor Zañartu: el paciente vigilante de la construcción del Cal y Canto

En la calle Puente, en el centro de Santiago, existió por más de un siglo y medio una hermosa casona colonial, desde donde el famoso corregidor Manuel Luis de Zañartu vigiló pacientemente la construcción del Puente de Cal y Canto, lugar donde hoy está ubicado el Puente de la Paz.

Esta histórica construcción, simple y modesta, no sobrevivió a la modernidad, pese a haber sido una reliquia y un testimonio histórico de uno de los episodios más importantes de nuestra ciudad capital.

Zañartu fue el corregidor más famoso de los que tuvo Santiago. A la capital llegó desde España hacia el año 1730, dedicándose inicialmente al comercio. Se caracterizaba por tener un carácter agresivo, moralista y enemigo acérrimo de la delincuencia y la criminalidad. Desde muy temprano tuvo atracción por los terrenos de La Chimba, pese al abismo social que lo separaba de esos vecindarios. Además de su casa en la Plazoleta de la Merced, adquirió una quinta en la llamada Cañadilla, hoy Avenida Independencia, ocupada por barrios muy populares.

La constante destrucción de los puentes del Mapocho por las crecidas del río fue el gatillante principal para que naciera el Puente Cal y Canto. Zañartu quedó encargado de proyectar y concretar la construcción de estas estructuras, cuyos preparativos comenzaron en 1764, aun cuando los planos diseñados por José Antonio Birt no fueron presentados por el corregidor ante el Cabildo sino hasta tres años después, solicitando los materiales y recursos correspondientes.

Según consta en documentos de octubre de 1767, las faenas comenzaron con 80 reos que trabajaron canteando rocas para la construcción del puente. Si bien las labores estaban a cargo de Tomás de la Roca, el Corregidor Zañartu se presentaba personalmente en cada jornada para vigilar el avance de las obras. De esta forma demostraba el compromiso que tenía con el desarrollo de esta gran obra arquitectónica.

Zañartu hizo construir, además, una casa al final de la denominada la Calle del Puente (denominada así precisamente por el Puente Cal y Canto), construyéndole un altillo de segundo piso, desde el cual vigilaba diariamente la construcción del puente al comenzar los trabajos sobre el río, cuando no se encontraba en el sitio mismo de las faenas. A veces, se hacía acompañar del Ingeniero del proyecto, casi sin quitarle la vista a la obra que terminaría de consagrar su nombre en el recuerdo de la ciudad. Doscientos reos y vagabundos encadenados eran obligados al trabajo, armando el puente bajo su atenta mirada.

Esta casa que Zañartu tenía como miradores era de aspecto rústico, de adobe y altos techos de tejado de dos aguas. La única gran comodidad que le procuró Zañartu a este sitio era la vista de vigilante que le facilitaba sobre el lecho del río. Destacaba esa ventana con balconete del segundo piso del portalón, en la fachada, por la cual asomaba insistentemente el Corregidor, incapaz de distraerse del proyecto de levantamiento del puente. 

 Con frecuencia, el corregidor gritaba instrucciones desde esta ventana, especialmente cuando se trataba de castigar a palos o látigos a quienes desobedecían o que pretendían rebelarse. Era tan temido que hubo ocasiones en que bastó que se asomara con su rostro enfurecido por ese sitio, para que trabajadores amotinados desistieran inmediatamente del levantamiento y volvieran asustados a sus labores en el puente.

Así pues, los trabajos avanzaban seguros y la arquería del enorme puente quedó terminada en 1778, justo cuando el Cabildo comenzaba a tener problemas de financiamiento para concluir la instalación de ladrillos y cal. La obra pudo entregarse al uso del público al año siguiente, para tránsito a pie y a caballo. Sólo entonces, y más de diez años después de iniciada la construcción, Zañartu pudo soltar los hombros y abandonar esta casa que le sirviera de observatorio por tantos años de tensiones, angustias e incertidumbres.

El Puente Cal y Canto quedaría concluido en febrero de 1782. Por extraña coincidencia, Zañartu falleció sólo dos meses después de concluidas estas faenas. Aparentemente, la casa del final de calle Puente ya no estaba entre sus posesiones, pues no aparece mencionada en una tasación de bienes suyos que se hizo en 1784. Años después, ya en el siglo XIX o inicios del XX, funcionaba un bar a un costado de la misma, según lo revelan las fotografías de época, tenía un aspecto arruinado y con olor a demolición inminente.