El histórico rol de la Iglesia en el debate político

Hace algunas semanas, el Monseñor Alejandro Goic aseguró que el sueldo ético "debería ser de $400 mil, con el alza de la vida en estos 10 años". Sus declaraciones abrieron el debate y nos hacen recordar el histórico rol que ha tenido la Iglesia Católica en el debate político. En este artículo recordamos al Cardenal José María Caro quien fuera un constante actor en la contingencia del país.

El histórico rol de la Iglesia en el debate político

Hace pocos días, las declaraciones de Monseñor Goic despertaron en nuestro país una ola de declaraciones, participaciones, adherentes y disidentes, acerca de su propuesta de 400 mil pesos como salario ético mínimo en nuestro país.

Desde el mundo público saltaron a la palestra diferentes actores y sucedió algo que hace tiempo no se daba: un representante de la Iglesia ponía un tema en la agenda del país. 

Este hecho hizo recordar la labor importante que ha tenido a lo largo de la historia una institución que, hasta hace poco, fue una de las más respetadas y confiables en la población.

Sin dejar de lado la labor importante de los últimos pastores de la Iglesia, hay uno que marcó un hito importante en la historia de nuestro país.

José María Caro Rodríguez marcó una época. Por un lado fue el primer obispo chileno en ser nombrado Cardenal de la Iglesia, y por otro, fue un constante actor de cuanto debate doctrinario haya aparecido por su camino.

Desde muy joven, José María Caro sobresalió por sus dones en los estudios, lo que lo hizo merecedor  de una de las dos becas para estudiar en el Colegio Pio Americano de Roma y realizar en la capital italiana su doctorado en teología.

De vuelta en Chile, Monseñor Caro participó de manera destacada en el amplio debate que la Iglesia sostuvo con algunos grupos pertenecientes a la Masonería y que en aquel entonces empezaban a tener protagonismo en la vida política del país.

Cuando estuvo sirviendo en el norte del país, el entonces obispo de la Serena se enfrentó duramente con una férrea prensa anticlerical. Algo que no fue novedad para Caro, pues desde su llegada a Chile, era un factor común de su labor pastoral.

Lo interesante es que, a pesar de sus duras declaraciones sobre los temas, Monseñor Caro tenía un don que le era muy perjudicial a sus opositores: su empatía. Con quien Caro discutiera encontraba un germen de amistad y simpatía.

Es así que cuando es nombrado Arzobispo de Santiago, la prensa anticlerical de los sitios en los que había servido, celebraron su nombramiento a pesar de encontrarlo un opositor y “enemigo”.  Lo mismo sucedió al llegar la noticia de su nombramiento como Cardenal de la Iglesia.

Para aquel entonces, los gobiernos radicales tenían una mala fama con respecto a los tratos con la Iglesia, sin embargo, el mismo Pedro Aguirre Cerda promueve su nombre en Roma para su elección cardenalicia y le da un recibimiento en Chile, posterior a recibir sus insignias, que no tendrá parangón con algún otro obispo chileno.

Era hombre de pocas palabras en lo cotidiano y de grandes discursos cuando era necesario. Aquello le valió la amistad de numerosos líderes de la vida pública chilena, incluidos varios presidentes de la república. Mantuvo largas y duras discusiones con la masonería, pero constantemente ofrecía su amistad a los masones. Tenía un humor sencillo pero profundo, que a veces descolocaba a quienes lo escuchaban. El presidente Alessandri alguna vez le preguntó el por qué se llevaba tan mal con los masones; pregunta a la que el Cardenal Caro respondió diciendo: “porque al primero que conocí fue a usted”. Sacando risas a quienes escucharon el diálogo y dejando al presidente con algo en qué meditar.

La dignidad de las personas encarceladas, mejoras en la salud y educación social, salario ético para los mineros del norte, creación de sociedades de beneficencia, fuerte debate con la masonería, correcciones a diversos partidos políticos y a nombres destacados, entre tantos otros temas, fueron pan de cada día durante el tiempo en que el Cardenal Caro estuvo a su cargo la silla arzobispal de Santiago.

Referencias:

Salinas, A. Un Pastor Santo, Editorial Andrés Bello, 1era edición, Santiago, 1981.

Medina, J. Medio Siglo Después en Revista Humanitas N. 52 Año XXIII. Santiago, 2008.

Caro, J. El Secreto de la Masonería, Editorial Difusión, 2da edición, Buenos Aires, 1951.