El impacto ambiental de la minerÍa en Chile

Las medidas concretas para enfrentar este tema tuvieron que esperar hasta 1990, donde las autoridades se sentaron a conversar sobre posibles medidas para enfrentar el impacto ambiental de la actividad minera.

El impacto ambiental de la minerÍa en Chile

La minería se transformó desde la Colonia en la actividad productiva de mayor importancia para Chile. En el siglo XIX cobró un fuerte dinamismo, transformándose en la principal actividad económica a nivel nacional.

Paralelamente a la importancia que adquirió la minería en el país, ésta se comenzó a transformar en una actividad invasiva que causó un fuerte impacto ambiental en las zonas donde se desarrollaba.

Durante gran parte del siglo XX no hubo conciencia ambiental, esto impidió que la explotación de recursos naturales vinculados a la minería fueran evaluados de forma negativa, preponderando siempre el progreso económico por sobre las materias medioambientales.

Un hito importante en lo que refiere al impacto ambiental provocado por la minería corresponde a la promulgación, en 1974, del Estatuto de Inversión Extranjera. Este decreto que fomentaba la inversión bajando sustancialmente las tasas tributarias y generando un trato igualitario para las empresas nacionales y extranjeras, hizo que entre los años 1974 y 1983 los niveles de inversión extranjera en la minería, alcanzaran niveles históricos.

De la mano de este importante auge, también se generaron grandes impactos ambientales, los cuales adquirieron notoriedad hasta transformarse en un tema insostenible.

Las medidas concretas para enfrentar este tema tuvieron que esperar hasta 1990, donde las autoridades se sentaron a conversar sobre posibles medidas para enfrentar el impacto ambiental de la actividad minera.

Casos emblemáticos del impacto al medio ambiente fueron, por ejemplo, la fundición Ventanas, cuyo humo negro se veía a varios kilómetros, la mina El Salvador, en tanto, vertía sus relaves en el mar. A estos casos se sumaba la destrucción sistemática de predios y regiones agrícolas, además de la contaminación de canales de regadío.

De esta manera se comenzó a regularizar la contaminación minera. Se inició la búsqueda de una coexistencia de la protección ambiental con el desarrollo económico, desarrollando una legislación apropiada.

A partir de 1992, tras un acuerdo entre sectores productivos y el Estado, se comenzaron los procesos de descontaminación de 5 fundiciones de cobre estatales y se implementaron estudios de impacto ambiental en toda nueva faena minera, lo que finalmente derivó en que más del 60% de aquellos estudios correspondiera al sector minero. Al mismo tiempo, la Ley de Bases del Medio Ambiente (1994) y la promulgación de su reglamento en 1997, impusieron una mayor conciencia ambiental en las actividades mineras del país.

Aun así, a pesar de esta toma de conciencia, actualmente siguen apareciendo casos de contaminación, como es el caso de la mina Los Pelambres en la región de Coquimbo, la cual fue denunciada por derramar residuos químicos en los ríos de la zona.

Es de esperar que la convivencia de las mineras y el medio ambiente logre un punto de equilibrio, para no lamentar más alteraciones en nuestro tan preciado y a veces olvidado patrimonio natural.