El particular y oculto don de Bernardo Ohiggins

Mucho antes que don Bernardo fuera el Director Supremo de Chile y que sea reconocido por todos como un gran líder y excelente militar, tuvo una afición que, de haberla seguido, hubiese cambiado la historia de su vida y la de nuestro país seguramente: el dibujo. 

Por: Raúl Latorre.

El particular y oculto don de Bernardo Ohiggins

Estamos próximos a conmemorar un año más de la batalla que sella la independencia de nuestro país, la Batalla de Maipú, y aún el conocimiento que tenemos acerca de los personajes que lideraron la milicia y la política del país, cuando éste estaba dando sus primeros pasos, es limitado.

Bernardo O’Higgins es considerado el padre de la patria, su figura está acuñada en las monedas de circulación nacional, pero aún la historiografía guarda misterios y anécdotas que son piezas importantes de su personalidad.

Mucho antes que don Bernardo fuera el Director Supremo de Chile y que sea reconocido por todos como un gran líder y excelente militar, tuvo una afición que, de haberla seguido, hubiese cambiado la historia de su vida y la de nuestro país seguramente: el dibujo.

Es muy poco conocido el hecho que Bernardo era muy bueno para el arte, no sólo para admirarlo y contemplarlo, sino para practicarlo. Por un lado, al igual que su madre, doña Isabel Riquelme, tocaba piano y  el hacerlo constituía un pasatiempo constante. Por otro lado, Bernardo se descubría como una persona dotada para el dibujo, tanto así que cuando posterior a su tiempo viviendo en Lima, cuando O’Higgins se muda a Inglaterra a seguir con sus estudios, la materia en la que más sobresalía era el dibujo, dentro de otras varias.

El historiador Jaime Eyzaguirre en su obra “O’Higgins” cita un extracto de una carta que el joven Bernardo le escribe a su padre, el virrey del Perú, don Ambrosio Higgins, contándole diversos asuntos sobre su estadía en Inglaterra. En ella, llama la atención el acento que coloca a su desempeño en su materia de dibujo: “Le haré a V.E. una corta relación del mediano progreso de mis estudios en este país, cual es el inglés, francés, geografía, historia antigua y moderna, etc., música, dibujo y manejo de armas, cuyas dos últimas cosas, sin lisonja, las poseo con particularidad; y me sería de grande satisfacción si varias de mis pinturas, particularmente en miniatura, pudieran llegar a manos de V.E.”  

A esta carta, al igual que a todas las demás, el joven Bernardo no obtuvo respuesta y siempre generó una incógnita el comentario que pudiera haber tenido su padre frente a lo que le comentaba con su puño y letra. Finalmente don Bernardo sigue siendo conocido para muchos por su desempeño con la espada en los campos de batalla que sellan nuestra independencia, pero son pocos los que hoy, en su patria, saben de este don particular con el dibujo, con el que alguna vez pensó en ser apreciado por su padre.

Referencias:

Eyzaguirre, J. O’Higgins, ediciones Zig-Zag, Santiago de Chile, 1946.