El ramal Parral-Cauquenes y el gran siniestro ferroviario de 1912

Continuando con la saga de ramales ferroviarios chilenos, hoy llegamos hasta la zona de Parral, desde donde partía un tren hacia la ciudad de Cauquenes, que permitía a esta comuna conectar a sus habitantes y mercaderías con la red longitudinal sur, el que no estuvo libre de ser escenario de una de los grandes accidentes ferroviarios de Chile.

El ramal Parral-Cauquenes y el gran siniestro ferroviario de 1912

Para la década de 1870, y tras conocerse el programa de Obras Públicas tendiente a reforzar y ampliar las redes ferroviarias de Chile; programa que haría factible en sentido político la construcción del ramal Parral-Cauquenes -entre otros- se discute que Cauquenes como ciudad no debe quedar segregada de la comunicación ferroviaria con que pronto va a ser completado el país, y que es necesario preparar los medios para concretar un ramal hacia dicha ciudad, pidiendo el apoyo a diputados para que acompañaran a los comisionados a poner la petición en manos del Presidente de la República.

Ya en abril de 1874, el Gobernador don Manuel Vargas señalaba la importancia de unir a Parral y Cauquenes con un camino ‘plano y recto’; no obstante, meses después de iniciarse los trabajos del ferrocarril central (1874) se empezó a debatir la idea de solicitar al Gobierno, la construcción de una vía férrea hasta Cauquenes” (Consejo de Monumentos Nacionales, s. f., p. 3).

El 21 de junio de 1874 se aprobaba un proyecto propiamente tal, y el 17 de agosto del mismo año, envían una carta al Ministerio del Interior, señalando que en opinión de los habitantes de Cauquenes, el proyecto de un Ramal entre esta ciudad y Parral tenía un carácter urgente y necesario para evitar la ruina como departamento y que no sería justo que siendo capital comunal, estuviese privado de los beneficios que podría entregar el ferrocarril.

Tras ser postergado en primera instancia, el ramal finalmente fue aprobado durante el mandato del Presidente Don José Manuel Balmaceda. 

El trazado requirió varios puentes, pero el más notable es la estructura en acero sobre el río Perquilauquen, declarada hoy patrimonio de la humanidad, y al cual le dedicaremos un artículo en la sección reportajes de esta semana.

Durante su funcionamiento, el ramal Parral-Cauquenes permitió integrar diversas localidades con gran parte del país, al nacer de la vía Longitudinal Sur, movilizando una importante producción agrícola y vitivinícola hacia diversas ciudades y puertos, como también acercando a los turistas a los balnearios costeros de Curanipe, Chanco y Pelluhue, lugares a los que se accedía por carretera luego de arribar a Cauquenes.

La tragedia de 1912

Un héroe, Valenzuela, un modesto maquinista de un convoy de ferrocarril nos ha dado en Cauquenes un ejemplo de heroísmo y de aceptación del deber sin consideraciones a la propia vida: viendo acercarse el tren que iba a embestir al que manejaba, y lo inútil de los esfuerzos para detener la marcha de ambos, se vuelve hacia el fogonero que lo acompaña y le grita con sereno acento:
"Tírate abajo, que yo me quedo aquí, donde es mi deber".

Un instante después, que el rudo héroe, casi anónimo, moría horriblemente despedazado entre la maquinaria hecha trizas, en su puesto, y su acción se conoce por boca del compañero a quien obligó a salvarse.

A continuación damos una completa información gráfica del gran siniestro ferroviario ocurrido últimamente en la línea del sur, entre las estaciones de Queda y Parral.

También insertamos una parte de la relación publicada hace poco de las emociones experimentadas durante el siniestro por el Sr. Guillermo Janks, que viajaba en el tren mixto a Parral:

"El tren mixto a Parral salió, como de costumbre, a las 6.30 A.M. de la estación de Cauquenes. El convoy se componía de la máquina, de un carro de tercera, uno de primera y segunda. Y cinco carros de equipajes; de estos no puedo asegurar si fueron agregados algunos en Quella ó si salieron en su totalidad de Cauquenes.
En el coche de primera íbamos sólo dos pasajeros, un señor Lazo y yo; ambos, guiados por quien sabe qué secreta intuición, elegimos nuestros respectivos asientos, precisamente en la parte media del coche, circunstancia a la que debemos el estar con vida.

El trayecto entre Cauquenes y Quella, estación esta última situada a 25 kilómetros de Parral, se hizo sin el menor contratiempo. Una obscuridad profunda se extendía fuera del convoy.

En Quella nos detuvimos breves instantes, los precisos para que algunos pasajeros de tercera Clase, que esperaban en la estación con sus respectivos equipajes, pudieran instalarse dentro del carro. Empezaba a clarear. La luz se filtraba con dificultad a través de la espesa niebla que descansaba pesadamente sobre los campos.

No habríamos corrido cinco kilómetros, cuando un pitazo extraño y nervioso de la locomotora, seguido de un rechinamiento de maderas que se rompen en astillas y de fierros que se tuercen, hizo que levantara instintivamente mis manos a la altura de la cara. Aquello debió ser instantáneo. Inmediatamente traté de incorporarme; pero sin poder encontrar una explicación a lo ocurrido; tan fuerte había sido la impresión de espanto que sintiera.

Ya más calmado, quise salir, pero me encontré rodeado por todas partes de escombros. El carro de tercera se había incrustado en el de primera, emparedándome completamente. Los tabiques delantero y trasero del carro en que viajaba, habían sido empujados hacia dentro, y por fortuna se habían detenido a poco menos de cincuenta centímetros de mi asiento.

Una vez incorporado, con un fuerte puñetazo rompí el vidrio de la ventana que correspondía a mi asiento. Por él introduje la cabeza y parte del cuerpo, sin ver otra cosa que una parte del carro de tercera. Que se alejaba hacia fuera, dejando un trecho libre por donde pude salir. En tierra firme, quise orientarme. De la parte delantera y de entre un hacinamiento de fierros torcidos y de maderas en desorden, se escapaban desgarradores quejidos y gritos que partían el corazón. Junto a un asiento despedazado, un infeliz con la cara completamente desprovista de cutis, gritaba desesperadamente: ¿por qué no puedo morir, Dios mío? Más allá, un hombre alto, recio como un atleta, corría desatentado de un lado a otro, con la cara y las manos quemadas, dando voces de dolor. Ah! Sería interminable que yo le narrara todo lo que sufrí en aquellos instantes de una angustia infinita, en que me sentía impotente para poder aliviar tantos dolores".

Aquel es un pequeño relato de uno de los pasajeros de los trenes que, aquella fría mañana, colisionaron frontalmente por un error de movilización de tráfico. 

A pesar de la espectacularidad del choque, éste no significó, como sí ocurrió en casos similares, el cierre del ramal. De hecho, éste funcionó hasta la década del 70, cuando el Jefe de la Junta de Gobierno, General Sr. Augusto Pinochet, ordena cerrar el ramal Parral-Cauquenes. Dentro de las razones, es posible inferir que uno de los principales motivos era su baja rentabilidad para la empresa de Ferrocarriles del Estado (EFE), y por su intermedio, afectaba los ingresos del fisco chileno. 

Sin embargo, aún existe en la memoria colectiva de los habitantes de Cauquenes antecedentes de su funcionamiento en la década de los 80, situación que difiere de lo señalado por el Consejo de Monumentos Nacionales (2000) quienes indican que el ramal dejó de circular en 1974.

A principios de los 90 sin embargo, comienzan a desmantelarse las líneas y las estaciones, no conociéndose el paradero de los materiales.