El último ramal de pasajeros en Chile, sobrevive en el Maule

Alguna vez el romanticismo del ferrocarril se encargó de vigorizar la economía de un país exportador, que necesitaba dar salida hacia el océano a los productos del sector agrícola e industrial por el puerto de Constitución. Hoy, sin embargo, no es más que un testigo mudo de un pasado prominente, y que sólo ha sobrevivido gracias a la necesidad de muchos residentes de sectores a los que sólo se puede llegar a través del pequeño tren.

El último ramal de pasajeros en Chile, sobrevive en el Maule

Sin duda alguna, en la segunda mitad del siglo XIX el ferrocarril fue el medio de transporte que revolucionó el traslado de carga y pasajeros por su capacidad de carga, velocidad vs. vehículos viales y seguridad.

A esa popularidad contribuyeron las decenas de ramales que comenzaron a construirse a lo largo de Chile, acercando las grandes urbes a sectores más pequeños y menos poblados, o bien abriendo caminos desde el valle central hasta los puertos más importantes del país.

En la zona del Maule, las iniciativas tendientes a la construcción de un ramal que uniera Talca y Constitución surgieron desde los sectores agrícolas, industriales y comerciales, quienes apelaron por un traslado más fácil y seguro de sus productos y por una mayor conexión con el puerto de Constitución. Así, José Manuel Balmaceda prometió en su campaña presidencial a los habitantes de éstas ciudades, la construcción de un ramal que uniese estas dos localidades. 

Una vez electo, el Presidente Balmaceda encargó al ingeniero Ignacio Vivanco el presupuesto de los gastos de la construcción del ramal. En 1888, los ingenieros Pissis y Gore se asentaron a seis kilómetros al sur de Talca, en el sector llamado Las Ánimas, con el propósito de conocer los requisitos que implicarían el inicio y desarrollo de la obra. Luego se instalaron las faenas y se construyó el primer puente de la vía férrea. Ese mismo año se decidió traer las locomotoras desde los Estados Unidos, y los rieles y otros artículos, desde Inglaterra.

Desde el inicio de su construcción, el ramal Talca-Constitución influyó fuertemente en la actividad social y económica de la región del Maule, ya que produjo un cambio en los medios de comunicación, desplazando a las antiguas formas de transporte fluvial de la zona.

Un primer tramo fue inaugurado en 1892 y contó con seis estaciones, desde la Estación Talca hasta la Estación Curtiduría. Las locomotoras utilizadas pesaban entre 20 y 35 toneladas, sus ruedas tenían 1.20 metros de diámetro y podían arrastrar hasta 200 toneladas de peso. Sus carros se dividían en carros de carga y en coches de pasajeros, de primera, segunda y tercera clase.

En 1899, un decreto firmado por el entonces Ministro de Industria y Obras Públicas, Arturo Alessandri Palma, estableció que todos los ramales pasarían a la administración fiscal, por lo que los concesionarios debieron entregar la explotación del ferrocarril al Estado. De este modo, ya bajo dirección estatal, el último tramo del ramal se inauguró el 19 de diciembre de 1915, llegando a la Estación terminal Constitución. Una vez concluido, el ramal se extendía por 88 kilómetros. Además de unir localidades y poblados, colaboró en la diversificación de la vida urbana, social y económica con la llegada y salida de productos y pasajeros; representó un nuevo y mejor medio de comunicación entre sus habitantes; y colaboró en la modernización y progreso del Maule.

Actualmente, toda la línea cuenta con energía eléctrica y corren por ella buscarriles de dos cuerpos fabricados por Ferrostaal. El ramal Talca-Constitución es el único tren de trocha angosta que existe hasta ahora en Chile, siendo declarado Monumento Histórico Nacional el 25 de mayo del 2007.