Estragos de un incendio

El miércoles 9 de marzo fue una verdadera tragedia para el Santuario de la Naturaleza Serranía del Ciprés, ubicado a unos 10 kilómetros al noroeste de San Felipe, ya que una ola de fuego arrasó con 721 hectáreas, de las poco más de mil existentes en el lugar.

Estragos de un incendio

El miércoles 9 de marzo fue una verdadera tragedia para el Santuario de la Naturaleza Serranía del Ciprés, ubicado a unos 10 kilómetros al noroeste de San Felipe, ya que una ola de fuego arrasó con 721 hectáreas, de las poco más de mil existentes en el lugar.

Este santuario es conocido por contener los ejemplares de ciprés de la cordillera ubicados más al norte del país. Tras el incendio, en un comienzo se pensé que el patrimonio había sido arrasado por completo, pero por suerte solo afectó a pequeños bosquezuelos. De los 450 árboles identificados, solo 45 resultaron quemados o con daños.

Semanas antes del siniestro, tal como detalla El Mercurio, la ONG CIEM-Aconcagua con el apoyo de The Nature Conservancy, habían terminado de desarrollar un catastro y un plan de manejo para el área, que había sido declarada como santuario natural en 2006, luego de la solicitud presentada por los propios comuneros de la zona.

La tarea de recuperación será lenta. Entre las acciones que se realizarán la primera es retener el suelo. Solo si se salva el suelo será posible plantar otra vez. Para ello tendrán que obtener germoplasma (semillas) de los sobrevivientes y propagarlas en condiciones de invernadero. Recién en uno o dos años se podrían hacer plantaciones. De algunas especies como los quiscos tendrán que conseguir germoplasma en otro lugar, porque no quedó ninguno.

En cuanto a los cipreses, los especialistas aseguran a El Mercurio que demorarán más, ya que recién alcanzan el metro de altura a los 10 años, pero afortunadamente los que se perdieron no fueron los más antiguos. La recuperación de esa población será también una oportunidad para saber cuál es la variabilidad genética que tienen estos árboles respecto de los que viven más al sur y por qué resistieron condiciones de mayor sequedad y calor, y sobreviven hasta hoy.

Fuente: El Mercurio