Feriado ambiental: cuando la naturaleza se va de vacaciones

También los animales tienen estrategias parecidas para sobrellevar períodos extremos y que conocemos con el nombre de hibernación, o letargo invernal.

Por: Rudolf Thomann.

Feriado ambiental: cuando la naturaleza se va de vacaciones

Ahora que todos nos preparamos para las tan ansiadas vacaciones - de hecho ya estamos viajando o vacacionando mentalmente -,(algunos afortunados ya partieron ) -, los días parecen pasar muy lentamente y todo porque es la hora de nuestro bien merecido feriado laboral que tarda en llegar. Ya las instituciones financieras hicieron lo mismo hace unos días atrás, los alumnos y estudiantes ya partieron con su receso académico y por añadidura se viene el feriado parlamentario (= receso político) y el más esperado de todos, el del resto de la ciudadanía, que es el de los asalariados dentro de la fuerza productiva del país. Esa es una de las cosas entretenidas del verano, tomar o hacer vacaciones, descansar, patanear, dejarse llevar, disfrutar con la familia, los amigos, hacer deporte, dormir largo, comer con calma, dormir hasta tarde, etc., etc.

¿Qué es esto de la pausa, el recreo, el receso, del descanso, la interrupción del vértigo diario en el ciclo biológico y el funcionamiento normal de la naturaleza? y ¿cuáles son las convergencias y similitudes que existen entre el mundo natural y el mundo social en este aspecto?

Ejemplos son los períodos en que las plantas reducen su actividad productiva porque las condiciones ambientales son muy extremas. Esto pasa todos los años durante los períodos de invierno cuando éstas pierden su masa foliar o fotosintética y entran en un estado de letargo o de vida latente, que también se describe como dormancia. Los árboles y las plantas no crecen durante esa fase, pero la vida sigue latente aunque no se presente aparentemente en forma productiva. También los animales tienen estrategias parecidas para sobrellevar períodos extremos y que conocemos con el nombre de hibernación, o letargo invernal. Durante estas fases los organismos evitan consumir porque las reservas son escasas, el alimento esquivo y los factores que sustentan la vida y el movimiento no están disponibles. La consecuencia de ello, es que durante estos períodos de estrechez, la abstinencia y el sobrevivir con el mínimo de consumo de energía se convierte en una regla de oro. Claro, esto no es igual a tomar vacaciones voluntariamente, son por así decirlo forzadas. Aquí es la naturaleza la que ha impuesto las condiciones y los organismos deben acatarlas y secundarlas si desean sobrevivir.

En el caso de nuestras vacaciones, también hay algo de eso aunque aquí el énfasis está puesto más bien en que se trata de un período de cosecha. Hacemos un receso en el cual consumimos excedentes que generamos durante los períodos previos y que nos permiten más que sobrevivir un período de estrechez ambiental, disponer de un período de regeneración físico y sicológico muy necesario para mantener nuestra estabilidad y condición general. Es una pausa en el camino con una componente bien marcada en mantener nuestro estado síquico en buenas condiciones. Y aunque pareciera que no estamos haciendo “nada” que nos demande mayor esfuerzo, ya que lo que hacemos o haremos está ligado a gozo, disfrute y placer y en consecuencia no lo percibimos como algo pesado, con cada día que pasa aumenta nuestra capacidad para enfrentar los nuevos desafíos y tareas que conllevará el futuro. Entonces lo que parecen ser períodos de inactividad, resultan ser ciclos muy productivos para crear las bases motivacionales de lo que abordaremos mañana. Visto así, las vacaciones en nuestra escala de tiempo aparecen como algo perfectamente lógico, razonable y práctico, beneficioso para todas las partes involucradas. Entonces nuestro reposo laboral equivale también al de las plantas y animales cuando dejan de ser productivos y se transforman en consumidores de recursos y sobreviven de los excedentes que han acumulado durante los períodos benignos. Incluso el aumento de capital, de infraestructura, de productos, bienes y servicios a lo largo de nuestras vidas tiene por objetivo lograr lo mismo, sólo que en una perspectiva de tiempo más largo, ya no referida al ciclo anual, sino al de una vida entera. Cuando jóvenes tendemos a crear las bases para nuestro futuro menos productivo y más reposado y para ello es preciso juntar dichos recursos. También el desarrollo y construcción de civilizaciones a lo largo de generaciones es reflejo de lo mismo en una escala de tiempo mayor. Los países y estados hacen lo mismo, a través de varias generaciones, gobiernos y períodos presidenciales.

Respecto de la naturaleza y como conjunto humano hemos hecho y estamos haciendo algo similar: estamos de vacaciones consumiendo lo que otrora se produjo y acumuló a lo largo de miles de años. Esto en sí no tiene nada de reprochable y es una circunstancia afortunada que contribuye a aumentar nuestras posibilidades de tener una vida plena y feliz. Ahora, después de miles años en que hemos desarrollado un estilo de vida que exige más de la naturaleza de lo que ésta pueda disponer para satisfacer nuestras necesidades de manera sostenible en el tiempo, llegó la hora de empezar a trabajar para crear las condiciones que nos permitan poder salir de vacaciones también más adelante. El recreo se nos pasó y ahora es el momento en que la naturaleza se tome sus vacaciones. ¿Estamos dispuestos a darle vacaciones a ella? Dejarla descansar de nosotros, exigiéndole menos, demandando menos recursos, otorgándole un descanso para que recupere fuerzas y pueda seguir soportando nuestros embates. Creo que ahora es un buen momento para empezar a practicar esta nueva relación más relajada entre ambos – nosotros y el medio ambiente – donde tanto ella como nosotros saquemos provecho. 

Partiendo del supuesto de que estamos todos de acuerdo en que las vacaciones son necesarias, entonces la conclusión lógica y natural es que si así como nosotros necesitamos de éstas y que además resultan ser altamente beneficiosas en muchos aspectos de nuestra vida productiva, así también nuestro medio ambiente debe tener un reposo y descanso de nosotros. La tentación es grande de hacer justo lo contrario, salir a explorar, recorrer miles de km, internarse en aquellos lugares donde todavía han logrado refugiarse los animales, cortar las lindas flores que adornan nuestros campos, hacer esas fogatas tan entretenidas por las tardes, andar en lancha en los lagos, etc, etc. poniendo a prueba la resistencia de los ecosistemas donde nos alegramos de estar de vacaciones. Mirado desde la óptica de la naturaleza, este es un período de “estress”, donde aumentan los incendios, la basura se acumula en cualquier parte, los ríos con sus caudales mínimos además deben soportar la eutroficación de los turistas y pescadores aficionados, la cumbre de los cerros acumulan los restos que dejan los escaladores y paseantes y así suma y sigue. Entonces para nuestra bienamada y proveedora naturaleza esta época se convierte en una pesadilla que requerirá otro ciclo de un año hasta que vuelva a repetirse lo mismo de nuevo. Con suerte alcance a reponerse o regenerarse de la temporada veraniega anterior durante su ciclo de letargo invernal. Esto será diferente para cada ambiente y ecosistema y dependerá de los impactos que haya debido soportar. 

La vida es algo continuo que si bien tiene ciclos expansivos y productivos, también los tiene regresivos y destructivos que sin embargo tienen una tendencia cual es la de garantizar la existencia. El consumo y la destrucción/transformación son parte inherente a este fenómeno como lo son la producción, la regeneración y el descanso. Ambos se retroalimentan y la vida sólo es posible si existen ambos componentes en partes equilibradas. De ahí que la recomendación para este verano es que las vacaciones sean lo más sustentables y ecológicas posibles, que la cuenta para nuestro disfrute nuevamente no la tenga que pagar la naturaleza porque el día que ella decida irse de vacaciones de nosotros, estaremos en un grave problema. Si bien esta última frase tiene el defecto de humanizar la naturaleza, error que debemos tratar de evitar porque no responde a una realidad biológica, la menciono a modo de metáfora, porque lo que estamos observando a nivel mundial, es precisamente eso: la naturaleza se está cansando y todo pareciera indicar que desea irse de vacaciones, dejar de cumplir sus funciones que sustentan nuestro estilo de vida. Como que necesita un descanso de nosotros y nos está tratando de sacudir de encima, por aquí una avalancha, por allá una sequía, al otro lado una inundación y así sucesivamente. Al final de cuentas, lo que precisamos es una relación de más respeto por las necesidades del otro. Nada mejor entonces que aprovechar estas vacaciones para vivir y disfrutar ecológicamente cosa que el próximo año cuando queramos repetirnos el plato, podamos hacerlo con las mismas posibilidades de éxito y que nuestros descendientes puedan hacer lo mismo cuando les llegue su turno.