Francisco Bilbao: icono del empoderamiento ciudadano ¿la historia se repite?

Francisco Bilbao fue el ícono en nuestro país de un movimiento intelectual de jóvenes liberales chilenos que quisieron agitar un poco las aguas para ir al encuentro de sus ideales y plasmarlos, luego de la Constitución del 33. En la actualidad vemos juventudes, gremios y poblaciones empoderadas que manifiestan su descontento y defienden sus ideales en las calles, donde su voz se escucha más fuerte.

Francisco Bilbao: icono del empoderamiento ciudadano ¿la historia se repite?

La revolución, los bandos, las juventudes, las generaciones, los idealistas, los pesimistas, los moderados, los exaltados, izquierdas y derechas. Se podría seguir enunciando los muchos polos o lados extremos en los cuales se ha movido la historia de nuestro país.

Existen pensadores que  creen en la existencia de una historia cíclica, una historia repetitiva según los particularidades del tiempo que se viva. Hay otros, como el historiador Julio Retamal que ve a la historia como un péndulo que va y viene.

En el ir, suceden situaciones propias de un lado, podríamos decir revoluciones; y cuando está de vuelta, trae un aire de calma y búsqueda de la conservación.

Esto podríamos aplicarlo a la historia de nuestro país. Lo que vemos hoy, algunos lo han señalado como tiempos parecidos a los vividos antes. Tiempos de nombramientos frecuentes de revolución, de juventudes, de poblaciones empoderadas, etc., posterior a un tiempo de cierta calma, tiempos llamados de transición y de vuelta hacia lo perdido.

El siglo XIX chileno es una gran muestra de ello y posterior a la famosa Constitución del 33, surge en Chile un movimiento intelectual de jóvenes liberales chilenos que buscan agitar un poco las aguas para ir al encuentro de sus ideales y plasmarlos.

El ícono máximo de este movimiento es Francisco Bilbao, llamado también “el apóstol de la libertad”, aunque le vendría bien llamarlo “el mensajero del liberalismo”.

El nuevo seudónimo es un poco más cercano a su vida y obras, restándole esa manifiesta desfachatez de apodarlo con palabras propias de un ámbito con el que se enfrentó constantemente, el clero y la iglesia.

Se suele decir que las revoluciones siempre vienen acompañadas de enemigos a los que vencer, y en el caso de Bilbao, los enemigos eran varios y los enfrentó en nuestro país, y posterior a su destierro, en Perú y Argentina.

Bilbao combatió a los gobiernos autoritarios, levantando las banderas de una plena y total democracia. Luchaba contra el imperialismo y tenía frecuentes palabras de ensueño por algo llamado “Latinoamérica”, fiel a su formación e influencia francesa. Junto a estos dos enemigos, buscó también combatir a la Iglesia, debido a lo cual fue excomulgado, posterior a una sentencia por blasfemia.

Lo interesante y a su vez, apasionante de la vida de Bilbao, fue su profunda convicción de las ideas liberales que, una y otra vez fueron madurando, y que lo motivaron a enfrentarse contra las autoridades y sus enemigos de siempre en el lugar en donde estuviese.

En Chile defendió sus ideas hasta empuñar las armas, situación que replicó en Perú y Argentina. En Francia a través de la pluma y la prensa; y aunque ya no estaba presencialmente en nuestro país, su figura fue constantemente citada y consultada por quienes quedaron acá haciendo esfuerzos por no dejar apagar esa revolución liberal.

Bilbao vio el resultado de su pensamiento, aún joven,  posterior a su publicación “Sociabilidad chilena”. Este escrito entusiasmó, pero no llegó a ver la plasmación de sus ideales. Murió en la pobreza y el exilio, y los compañeros de su pensamiento y generación, Guerrero, Zapiola, Lillo, Prado, Arcos, etc., vieron venir el péndulo de la calma y moderación, que acompañó también a los gobiernos liberales.

Referencias:

Gazmuri, C. El “48”Chileno, editorial Universitaria, Santiago de Chile, 1998.
Carta de Santiago Arcos a Francisco Bilbao
http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-631.html#documentos