Hogar de Cristo: 71 años dedicados a la solidaridad

Nace como fruto del profundo impulso de ayudar y mejorar las condiciones de vida de los niños abandonados de las calles de Santiago. 

Hogar de Cristo: 71 años dedicados a la solidaridad

El Hogar de Cristo es una fundación de beneficencia fundada por el sacerdote jesuita San Alberto Hurtado en 1944. Nace como fruto del profundo impulso de ayudar y mejorar las condiciones de vida de los niños abandonados de las calles de Santiago. Sin embargo por la gran cantidad de necesidades, su ayuda se extendió a la acogida de todos los más pobres entre los pobres. Luego de la muerte del padre Hurtado la amplitud del proyecto requirió de un cambio a una organización profesional sin dejar de lado la centralidad de la justicia y la caridad. Este cambio fue impulsado por el padre Renato Poblete quien fue capellán entre los años 1982 y 2000.

 Dejamos a continuación un extracto de un discurso del Padre Hurtado a los jóvenes de la Acción Católica que nos permite ver las causas que lo movían a ayudar a los más necesitados. Con este mismo objetivo les presentamos la última carta dirigida al Hogar de Cristo cuatro días antes de morir la que nos muestra su profunda preocupación por la gente a la que ayudaba. Fundamento del amor al prójimo Extracto discurso a 10.000 jóvenes de la Acción Católica, en 1943 [...] Es necesario, pues, aceptar la Encarnación con todas sus consecuencias, extendiendo el don de nuestro amor no sólo a Jesucristo, sino también a todo su Cuerpo místico.

Y este es un punto básico del cristianismo: desamparar al menor de nuestros hermanos es desamparar a Cristo mismo? aliviar a cualquiera de ellos es aliviar a Cristo en persona. Cuando hieren unos de mis miembros a mí me hieren? del mismo modo tocar a unos de los hombres es tocar al mismo Cristo. Por esto nos dijo Cristo que todo el bien o todo el mal que hiciéramos al menor de los hombres a Él lo hacíamos. Cristo se ha hecho nuestro prójimo, o mejor, nuestro prójimo es Cristo que se presenta bajo tal o cual forma: paciente en los enfermos, necesitado en los menesterosos, prisionero en los encarcelados, triste en los que lloran.

Si no lo vemos es porque nuestra fe es tibia. Pero separar el prójimo de Cristo es separar la luz de la luz. El que ama a Cristo está obligado a amar al prójimo con todo su corazón, con toda su mente, con todas sus fuerzas. En Cristo todos somos uno. En Él no debe haber ni pobres ni ricos, ni judíos ni gentiles, afirmación categórica inmensamente superior al «Proletarios del mundo uníos», o al grito de la Revolución Francesa: Libertad, Igualdad, Fraternidad.

Nuestro grito es: Proletarios y no proletarios, hombres todos de la tierra, ingleses y alemanes? italianos, norteamericanos, judíos, japoneses, chilenos y peruanos, reconozcamos que somos uno en Cristo y que nos debemos no el odio, sino que el amor que el propio cuerpo tiene a sí mismo. ¡Qué se acaben en la familia cristiana los odios, prejuicios y luchas, y que suceda un inmenso amor fundado en la gran virtud de la justicia, de la justicia primero, de la justicia enseguida, luego aún de la justicia, y, superadas las asperezas del derecho, por una inmensa efusión de caridad [...] Último mensaje a los amigos del Hogar de Cristo Carta dictada en la Clínica de la Universidad Católica, cuatro días antes de morir, en agosto de 1952 Al dar mi último saludo de Navidad, quisiera darles las gracias a todos los amigos conocidos y desconocidos que, de muy lejos a veces, han ayudado a esta obra de simple caridad del Evangelio, que es el Hogar de Cristo.

 Al partir, volviendo a mi Padre Dios, me permito confiarles un último anhelo: el que se trabaje por crear un clima de verdadero amor y respeto al pobre, porque el pobre es Cristo. "Lo que hiciereis al más pequeñito, a mí me lo hacéis" (Mt 25,40). El Hogar de Cristo, fiel a su ideal de buscar a los más pobres y abandonados para llenarlos de amor fraterno, ha continuado con sus Hospederías de hombres y mujeres, para que aquellos que no tienen dónde acudir, encuentren una mano amiga que los reciba. Los niños vagos, recogidos uno a uno en las frías noches de invierno, han llenado la capacidad del Hogar. 5.000 vagan por Santiago... ¡Si pudiéramos recogerlos a todos... y darles educación...! Para ello, un nuevo pabellón se está construyendo con capacidad para 150 niños, el cual les ofrecerá las comodidades necesarias para una labor educacional seria. Los Talleres de carpintería, gasfitería, hojalatería, enseñan un oficio a estos hijos del Hogar de Cristo.

Nuevos talleres, Dios mediante, de mecánica, imprenta, encuadernación, ampararán la labor de los actuales. Las niñas vagas, ayer inexistentes, son hoy una triste realidad. 400 hay fichadas por Carabineros. ¡Cuántas más existen que, envueltas en miseria y dolor, van cayendo física y moralmente! Un hogar se abrirá en breve para ellas.

La Casa de Educación Familiar, del Hogar de Cristo, la cual está ya terminada, las capacitará para sus deberes de madre y esposa con sus cursos de cocina, lavado, costura, puericultura, etc., prestando esta misma Casa un servicio a todo el barrio. Los ancianos tendrán también su Hogar, es decir, el afecto y cariño que no les puede brindar un asilo. Para ellos quisiéramos que la tarde de sus vidas sea menos dura y triste.

¿No habrá corazones generosos que nos ayuden a realizar este anhelo? A medida que aparezcan las necesidades y dolores de los pobres, que el Hogar de Cristo, que es el conjunto anónimo de chilenos de corazón generoso, busquen cómo ayudarlos como se ayudaría al Maestro.

Al desearles a todos y a cada uno en particular una feliz Navidad, os confío en nombre de Dios, a los pobrecitos.

Alberto Hurtado Cruchaga, s.j., Capellán

Textos. Fuente: padrehurtado.com