Hospitales de Sangre: la gran ayuda de los privados durante la Guerra del Pacífico

Considerando la precariedad de las instalaciones sanitarias del Ejército chileno y el alto número de heridos que dejaba el conflicto a medida que avanzaba, se crearon estos centros asistenciales cuyos únicos pacientes eran los soldados lesionados en batalla.

Hospitales de Sangre: la gran ayuda de los privados durante la Guerra del Pacífico

El hospital de Angol y algunas pequeñas instalaciones permanentes en la zona de la Araucanía, que estaba en permanente guerra con los araucanos, eran los únicos recintos de salud con los que contaba el Ejército de Chile en 1879. Fue el 14 de febrero de ese año cuando nuestro país decidió comenzar en desembarco de sus tropas en Antofagasta pero sin contar con ningún tipo de asistencia médica. 

A pesar de que la Armada si tenía servicios sanitarios, estos eran mínimos y la dotación no alcanzaba para todas las unidades, además ni Santiago ni Valparaíso tenían hospitales para los efectivos de las fuerzas armadas y los heridos estaban siendo trasladados a los hospitales civiles del norte, principalmente al de Antofagasta, donde se habilitó un pabellón especial para estos pacientes.

Para resolver este problema, surgen los denominados Hospitales de Sangre, cuyo principal y prácticamente único objetivo, era recibir y atender a los efectivos de las fuerzas armadas que resultarán heridos en los combates con la alianza peruano-boliviana durante la Guerra del Pacífico. 

Los primeros se establecieron en Valparaíso y Santiago el mismo año que comenzó el conflicto en el norte (1879), siendo el más conocido el que se instaló en la capital. El recinto que fue financiado por un privado, específicamente por la familia Matte, se estableció en una casona que cedió el arzobispado en calle Lira, entre Santa Isabel y Santa Victoria; tenía capacidad para recibir a 54 pacientes y estaba a cargo del doctor Manuel Barros Borgoño, quien aprendió en Europa el sistema para esterilizar los recintos y los utensilios usados en las cirugías con ácido fénico, lo que disminuyó considerablemente el número de muertos, este sistema es conoció como Lister. 

Posteriormente, se abrieron otros dos recintos en Santiago, uno en calle Castro y otro en Agustinas; en el primero utilizaron el método Lister, mientras que en el segundo siguieron trabajando con el procedimiento antiguo, que tenía una mortalidad cercana al 80%. En La Serena también se abrió un hospital de este tipo.