Hoy celebramos 127 años del natalicio de Gabriela Mistral

El 7 de abril de 1889 nació en Vicuña, Lucila Godoy Alcayaga, conocida universalmente como Gabriela Mistral.

Hoy celebramos 127 años del natalicio de Gabriela Mistral

Se convirtió en la primera escritora latinoamericana en recibir el premio Nobel de Literatura en 1945. Este reconocimiento no se debió sólo a la belleza de sus composiciones poéticas, como las canciones de cuna que tan bien conocemos, sino también a su carácter luchador y comprometido que la llevó a defender el derecho de las mujeres a la educación y la unificación de nuestro continente.

Tan importante como su poesía fue su labor como pedagoga y diplomática, trabajando como cónsul y embajadora en distintos países de América y Europa, lugares donde siempre cumplió una gran labor de difusión cultural junto a los intelectuales más destacados de la época.

Gabriela Mistral murió el 10 de enero de 1957 en Nueva York, Estados Unidos, donde ocupaba el cargo de cónsul.  Su cuerpo fue repatriado a mediados de año y sepultado en Santiago.  Tres años más tarde, se le trasladó a Montegrande, en el valle de Elqui, pues en su testamento dejó escrito: “Es mi voluntad que mi cuerpo sea enterrado en mi amado pueblo de Montegrande”, donde vivió en su infancia y adquirió el amor por la poesía.

ANIVERSARIO


    Todavía, Miguel, me valen,
como al que fue saqueado,
el voleo de tus voces,
las saetas de tus pasos
y unos cabellos quedados,
por lo que reste de tiempo
y albee de eternidades.

 

Todavía siento extrañeza
de no apartar tus naranjas
ni comer tu pan sobrado
y de abrir y de cerrar
por mano mía tu casa.

 

Me asombra el que, contra el logro
de Muerte y de matadores,
sigas quedado y erguido,
caña o junco no cascado
y que, llamado con voz
o con silencio, me acudas.

 

Todavía no me vuelven
marcha mía, cuerpo mío.
Todavía estoy contigo
parada y fija en tu trance,
detenidos como en puente,
sin decidirte tú a seguir,
y yo negada a devolverme.

 

Todavía somos el Tiempo,
pero probamos ya el sorbo
primero, y damos el paso
adelantado y medroso.
Y una luz llega anticipada
de La Mayor que da la mano,
y convida, y toma, y lleva.

 

Todavía como en esa
mañana de techo herido
y de muros humeantes,
seguimos, mano a la mano,
escarnecidos, robados,
y los dos rectos e íntegros.

 

Sin saber tú que vas yéndote,
sin saber yo que te sigo,
dueños ya de claridades
y de abras inefables
o resbalamos un campo
que no ataja con linderos
ni con el término aflige.

 

Y seguimos, y seguimos,
ni dormidos ni despiertos,
hacia la cita e ignorando
que ya somos arribados.
Y del silencio perfecto,
y de que la carne falta,
la llamada aún no se oye
ni el Llamador da su rostro.

 

¡Pero tal vez esto sea
¡ay! amor mío, la dádiva
del Rostro eterno y sin gestos
y del reino sin contorno!

 

Gabriela Mistral