Isla de Pascua: la isla olvidada

Es imposible no preguntarse de qué forma se valora en nuestro país nuestra riqueza patrimonial, a nuestros pueblos originarios con sus costumbres y legados, los cuales son propios de nuestra identidad.

Isla de Pascua: la isla olvidada

“Tepito Ote Henua” u ombligo del mundo. Con esta frase podemos llamar a la isla habitada más remota de nuestro planeta. Nos referimos a la Isla de Pascua, la única porción de tierra tan asilada en el mar con sus características y condiciones, lo que la hace ser fascinante y misteriosa.

Isla de Pascua es, sin lugar a duda, uno de los lugares con mayor riqueza patrimonial y cultural de nuestro país. Aun así, basta con revisar internet para darnos cuenta que su cultura y riqueza histórica presenta un mayor interés para medios extranjeros que nacionales, dando la impresión muchas veces que es una isla prácticamente olvidada para nuestro país.

Nuevamente es imposible no preguntarse de qué forma se valora en nuestro país nuestra riqueza patrimonial, a nuestros pueblos originarios con sus costumbres y legados, los cuales son propios de nuestra identidad.

Isla de Pascua es la mejor respuesta a esta interrogante. Declarada Patrimonio Mundial por la Unesco, cuenta con un rico patrimonio que tiene de todo. Desde playas con arena de color rosa, como la de Ovahe, o de encanto paradisíaco como la de Anakena, volcanes y praderas para recorrer a pie o a caballo, flora y fauna marina para descubrir buceando, cavernas para recorrer en silencio, y moais que fueron testigos del auge y la caída de una sociedad estratificada y compleja.

El espíritu de esta cultura sigue vivo en sus habitantes, su lengua, sus vestimentas, su música, sus bailes, su artesanía y sus comidas. Cada mes de febrero, la vuelta a las raíces alcanza su punto máximo en la Tapati, una fiesta de dos semanas cuyo corazón son las tradiciones y donde los rapanui se pintan el cuerpo como lo hacían sus ancestros, compiten en pruebas asombrosas, cantan, bailan y eligen a su reina.

Dentro de los variados lugares que nos llenan de preguntas y misterios está Orongo. Una aldea ceremonial en la cual la sociedad isleña se reorganizó a través del culto al hombre pájaro. Cada familia enviaba a uno de sus hombres, que representaba al jefe del linaje, para competir en la osada búsqueda del huevo del Manutara, un ave migratoria que anidaba en los islotes cercanos, los que podrás ver desde la aldea ceremonial de Orongo.

Aquí, los competidores debían descender por el acantilado, nadar –a veces entre tiburones– hasta el islote de Motu Nui, buscar el primer huevo del ave y traerlo intacto de vuelta a Orongo para entregarlo al rey. Quien lograba ser el primero en llevar a buen término la proeza era investido Tangata Manu (hombre-pájaro) y adquiría para su tribu privilegios especiales.

La aldea ceremonial está compuesta de un conjunto de 53 casas construidas con piedras planas, pero hay además en ella rocas con petroglifos que simbolizan la fertilidad, el hombre pájaro y el Make Make, la gran divinidad para la cultura rapanui.

Para llegar a Orongo, el paso obligado es el cráter del volcán Rano Kau, que tiene 1,6 km de diámetro y 200 metros de profundidad y cuya forma recortada sobre el mar simplemente sobrecoge. En su interior, el cráter alberga una laguna y una suerte de invernadero natural con mahute, helechos, makoi, nahe nahe y otras especies, gracias a su particular microclima.

Este lugar es uno de los puntos más atractivos de la isla, tanto para los turistas como para los investigadores, por los más de 300 moais de diferentes tamaños y en distintos estadios de tallado que se encuentran dispersos en sus laderas.

El tallado se hacía directamente en la pared de la cantera y luego los moais eran trasladados a los distintos Ahu o centros ceremoniales.

Tras las guerras tribales, el trabajo en la cantera se detuvo, y los moais quedaron allí, erguidos o tumbados, a medio terminar o transportar, y comenzaron a ser cubiertos por la naturaleza, por lo que algunos están semienterrados.

Isla de Pascua y sus encantos nos invita a conocer y también a valorar lo que es su cultura, lo que fueron sus antepasados y lo que es en general una riqueza patrimonial y cultural única. Aunque muchos aún no lo valoren, es parte de nuestro Chile, de nuestra identidad, identidad que debemos querer, respetar y por sobre todas las cosas, cuidar.