Isla Orrego: del dolor a la alegría

Tradicionalmente la Isla Orrego -que se ubica en medio del río Maule, frente al balneario de Constitución- fue un motivo de atracción turística: la gente llegaba en botes a disfrutar de sus calmas y acogedoras aguas. 

Isla Orrego: del dolor a la alegría

Para el 27 de febrero de 2010, había casi 200 personas en la isla cuando vino el terremoto y posterior tsunami. Pocas alcanzaron a salvarse, dejando un crespón de muerte y desolación demasiado sensible como para volver. Hoy, a 5 años del terremoto, los turistas han regresado a la isla Orrego, en una linda señal de que la herida está sanando.

Las cosas van cambiando. Hace cinco años, el tsunami del 27/F cobró la vida de casi medio centenar de personas en el río Maule. Hoy, sin embargo, la Isla Orrego, de Constitución, donde se levanta un santuario en recuerdo de las víctimas, ha vuelto a llenarse de vida y de gente dispuesta a pasear, a bañarse y a acampar. 

El primer reflejo de ello es el aumento de embarcaciones turísticas en el río Maule. Según la Capitanía de Puerto de Constitución, este año hay 15 botes de paseo, tres más que el año pasado, entre los que se cuenta un catamarán para 60 personas. A eso se suma una decena de kayaks para arrendar y un par de motos de agua, que hasta el año pasado no existían.

De acuerdo con los testimonios de los lugareños, la Isla Orrego se convirtió en un lugar de oración y recogimiento, muy poco visitada, salvo por familiares y amigos de víctimas.

Sin embargo, este verano eso parece haber cambiado. Una de las lugareñas afirma que la memoria de la gente es frágil y eso ha permitido que las actitudes vayan cambiando.

La gente que ha llegado hasta el lugar lo ha hecho para disfrutar de las aguas del río y sólo han permanecido durante el día. Antes que todo, eso sí, acudieron a visitar el memorial. Un lugar que, según todos los visitantes, es muy lindo, donde se respira mucha tranquilidad.

Otros, en cambio, no logran permanecer en la isla, ya que el recuerdo de las víctimas no les permite dejar de pensar en la tragedia.

A fin de cuentas, esto es una muestra de que lo terrible ya pasó y ahora hay que hacer que la isla vuelva a ser como antes. Los lugareños están de acuerdo en que esto no es un cementerio, sino que un lugar turístico. 

Hay que pasarlo bien, con respeto.