Juan Egaña Risco, entre la educación y una Constitución

Educación, valores cívicos, “virtud” y esperanzas en nuevas Constituciones, no son temas nuevos para nuestro país, pero lo que sí es interesante, es verlos impresos en la vida de un solo hombre. 

Juan Egaña Risco, entre la educación y una Constitución

Algunos temas han estado últimamente sobre la mesa y esto se ha debido a la coyuntura política actual. Por un lado el tema impuesto desde hace 10 años y que aún persiste en quedarse, la Educación; y por el otro, uno más reciente, la Reforma Constitucional.

El último tema, aun que no es del todo novedoso, a partir de las líneas trazadas desde el gobierno, han hecho que cobre relevancia. En la esfera política, algunos se preguntan si es real que aquello de las Asambleas se pueda realizar. Independiente de ello, hay un significativo grupo que tiene sus esperanzas puestas en ellas.

Estos temas traen a la memoria a un personaje que fue, un poco, una pequeña síntesis de lo descrito, pero en los inicios de nuestra vida republicana, y que supo sobreponerse a la adversidad del poder que suscitaba aquel periodo que abarca desde la Patria Vieja hasta la Batalla de Maipú.

Don Juan Egaña Risco, aquel destacado jurista recordado por la historia de nuestro país como el principal redactor de la Constitución de 1823 o llamada también como la Constitución Moralista, nació en la ciudad de Lima, donde su padre cursaba estudios de leyes y cánones. De padre chileno y madre peruana, Juan Egaña realizó sus estudios de leyes en la prestigiosa universidad peruana Mayor de San Marcos.

Al poco tiempo del fallecimiento de su madre, Juan Egaña regresa a Chile en compañía de su padre y se gradúa de abogado en la Universidad de San Felipe.

Este destacado personaje, junto a José Miguel Carrera, Camilo Henríquez y Manuel de Salas, hicieron posible la fundación del Instituto Nacional, pues consideraban que era necesaria una población ilustrada para que el país alcance aquella “felicidad” decimonónica que era consecuencia de la virtud, la ley y la educación.

La “felicidad”, aquella palabra escrita en tantas Constituciones del s.XIX, era el resultado de estos pilares, y por ello, Juan Egaña, luego del regreso de su destierro por 3 años en la isla Juan Fernández y terminado el gobierno de Bernardo O’Higgins, vio la oportunidad de poner por escrito, aquella fama de “gran jurista” que recaía sobre su persona, y trabajar en una Constitución que busque hombres virtuosos, ilustrados y respetuosos de las instituciones.

Aquello, para el día de hoy, nos resulta un ideal cívico muy noble, pero en su tiempo se vio, a la Constitución del 23, como un buen punto de partida para el desarrollo que todos buscaban del país.

La esperanza puesta en aquella Constitución, para pena de Egaña, duró poco menos de un año, por la poca capacidad de concreción de la misma. Sin embargo, lo que sí perdura hasta el día de hoy, como un monumento a Egaña y a otro más, es el Instituto Nacional, y los miles de ciudadanos ilustres que formó.

Educación, valores cívicos, “virtud” y esperanzas en nuevas Constituciones, no son temas nuevos para nuestro país, pero lo que sí es interesante, es verlos impresos en la vida de un solo hombre.

Reseñas:

http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-3487.html
http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-651.html
http://www.memoriachilena.cl/archivos2/pdfs/MC0014428.pdf