La batalla de Tucapel y la muerte de Pedro de Valdivia

El proceso de conquista del territorio chileno por parte de las fuerzas de la corona española sufrió una desastrosa derrota el 25 de diciembre de 1553, en lo que se conoció como la batalla de Tucapel.

La batalla de Tucapel y la muerte de Pedro de Valdivia

El ataque a los fuertes de la zona provocó el abandono de Tucapel por los españoles. Valdivia se dispuso a restablecerlo y a aplastar de paso el levantamiento que desafiaba su dominio en la región. Pero al llegar a Tucapel fue atacado por un gran número de mapuches, a los que opuso los cuarenta soldados españoles que le acompañaban y unos dos mil indígenas auxiliares.

Enfrente hallaba esta vez una fuerza que, además de su número, poseía una estrategia de combate y cierta adaptación a las condiciones del enemigo. Los mapuches habían celebrado sus juntas de aillarehues, en las que se eligió el toqui que les conduciría en la guerra, resultando escogido Caupolicán, Con él estaba Lautaro, joven araucano hijo del cacique Curiñanco que había servido entre españoles y que incluso había sido caballerizo del conquistador Valdivia.

Lautaro conocía el modo de actuar de los españoles, el armamento que empleaban y el uso del caballo, factores que le daban una evidente superioridad militar y deberían contrarrestarse si se aspiraba a vencerles.

En Tucapel, el 25 de diciembre de 1553, los mapuches comandados por Lautaro derrotaron a Pedro de Valdivia y le dieron muerte. En el curso del día habían mantenido el combate con sucesivas oleadas de indígenas que manejaban la macana y las lanzas largas, y podían relevarse, mientras se obligaba a los españoles y a sus aliados a combatir ininterrumpidamente hasta llevarles a la extenuación. Así fueron diezmándolos hasta extinguir el grupo, siendo Valdivia el último en ser apresado. El golpe de una maza en su cabeza le arrancó la vida. Su corazón fue repartido entre los principales jefes y comido siguiendo los ritos locales. Poco después llegaría de España la carta real por la que se le confirmaba la gobernación hecha por la Real Audiencia de Lima, sin que se accediese a sus peticiones de ampliar la provincia hasta el Estrecho ni sobre nombramientos, sueldos y privilegios.

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