La cantora invisible: Gabriela Pizarro y sus 200 canciones

Cuando la destacada folclorista e investigadora Gabriela Pizarro fue a Chiloé a recopilar el trabajo de los cantores locales, se dio cuenta que un papel y lápiz no eran suficientes. Por eso, se armó de una grabadora prestada por la Universidad de Chile y, junto a ella, rescató para siempre un pedazo de historia folclórica chilota.

La cantora invisible: Gabriela Pizarro y sus 200 canciones

Junto a Violeta Parra y Margot Loyola, Gabriela Eliana Pizarro es considerada una de las tres investigadoras esenciales del folclore de Chile, al mismo tiempo que ella era, de por sí, una destacada folclorista, docente y cantautora.

Inició sus viajes a Chiloé cuando tenía alrededor de 20 años. Para allá se fue motivada por Violeta Parra, quien le contó sobre la gran cantidad de cantores que había en la zona. 

Gabriela partió entonces, pero no sola, sino que acompañada por alumnos del taller de folclor que impartía en la Casa de la Cultura de Ñuñoa. El problema fue que su único equipamiento fue un cuadernillo y un lápiz. Pronto se daría cuenta que la inmensidad del patrimonio folclórico presente en el lugar era demasiado para su pequeña libreta.

Uno de los asistentes a sus talleres de folclor era Héctor Pavez, Cantor que, además, trabajaba en la Facultad de Medicina de la U. de Chile, dactilografiando clases que se registraban en un equipo de grabación. Pávez, quien más tarde se transformaría en su esposo, tomó prestada una grabadora desde la Universidad para prestársela a Gabriela. El resultado, cientos de cantos autóctonos registrados para siempre en aquella máquina.

Juntos llegaron a localidades chilotas como Castro y Dalcahue, entonces recónditos parajes a los que se accedía "por una huella, en carreta y a la rastra", dimensiona Pavez Pizarro. 

En su calidad de albacea, Héctor Pavez Pizarro entregó al Archivo de Música de la Biblioteca Nacional 200 registros de campo. 

El material, donde se anotan los descubrimientos de danzas como la trastrasera, la pericona, la nave, el pavo o el cielito, se hará completamente público en dos libros con textos de canciones y transcripciones a partituras de acordes y líneas melódicas, además de diez discos con esos registros en terreno, de entre 1958 y 1970, que fueron restaurados en la U. de Chile por Francisco Miranda.