La crisis mística de Diego Portales

Si bien dejó sus cargos gubernamentales en 1831, siguió influyendo en la política nacional. Prueba de ello fue la Constitución de 1833, que no redactó, pero que recogió sus ideas de un Estado impersonal y fuerte.

La crisis mística de Diego Portales

La primera experiencia laboral de Diego Portales fue junto a José Luis Cea, con quien creó una asociación radicándose en Perú. Ambos se adjudicaron el monopolio o estanco del tabaco, licores extranjeros, té y naipes, con el compromiso de pagar una deuda contraída por Chile en Londres. Sin embargo, el contrabando de estos productos causaron serios problemas económicos a los socios, tantos, que en 1826 el Congreso determinó que el estanco retornara al gobierno. Entretanto, la administración del estanco por parte de Portales y Cea había causado algunas sospechas, sobre todo cuando, después de la decisión del gobierno, mantuvieron, en parte, el control del negocio.

La experiencia de este fracaso económico, le sirvió a Portales para formarse una idea del estado de desorden que existía en el Chile luego de la Independencia. A medida que fue pasando el tiempo, Portales comenzó a frecuentar el ambiente político, hasta que en 1830 fue nombrado como ministro de Interior, de Relaciones Exteriores y de Guerra y Marina, por el presidente José Tomás Ovalle.

Tras la Batalla de Lircay, Portales ejerció toda su influencia en la marcha de la nación. Dio de baja a varios jefes militares del bando contrario, creó la Guardia Cívica, para equilibrar el poder del ejército, y controló a la prensa opositora.

Si bien dejó sus cargos gubernamentales en 1831, siguió influyendo en la política nacional. Prueba de ello fue la Constitución de 1833, que no redactó, pero que recogió sus ideas de un Estado impersonal y fuerte.

Más tarde, en 1836, Portales tuvo que enfrentar a un nuevo enemigo proveniente del exterior: la Confederación Perú-Boliviana, dirigida por el mariscal Andrés de Santa Cruz. Con la complicidad de esta coalición, el general Ramón Freire intentó dar un golpe de Estado contra el gobierno de Prieto.

En aquel entonces, Chile sostenía un conflicto aduanero con Perú, al querer ambos países privilegiar sus puertos (Valparaíso y el Callao, respectivamente) como los principales del Océano Pacífico en Sudamérica.

Portales ordenó la captura de los barcos peruanos del Callao, a lo que Santa Cruz no se opuso con la condición de que no se rompieran las relaciones diplomáticas. Sin embargo, Portales estaba decidido a la guerra porque veía en la liga no solo una amenaza política sino que también una económica.

Para obtener la ruptura de alianza fue enviado el ministro Mariano Egaña a dialogar con los confederados, pero las tratativas fallaron y se declaró la guerra.

Este enfrentamiento resultó ser fatal para Portales, ya que generaba malestar en Chile, incluso entre la propia oficialidad del Ejército, el que, de acuerdo con algunos autores, estaba infiltrado por Santa Cruz.

Esta situación tensa tuvo como conclusión el arresto de Portales mientras este revisaba las tropas en Quillota, el 3 de junio de 1837. Durante su traslado a Valparaíso, ordenado por el coronel Antonio Vidaurre, los amotinados fueron vencidos por las fuerzas leales al ministro, en el cerro Barón el 6 de junio.

El capitán Santiago Florín, que estaba al mando del piquete que custodiaba a Portales, ordenó su fusilamiento al saber de la derrota. Luego de los disparos, Portales fue rematado con bayonetas, falleciendo, pero dejando tras de sí las sólidas bases del Chile republicano.