La cueca y el vino: antigua asociación que se moderniza

“El vino constituye, si pudiéramos decirlo así, algo inmanente, porque la cosecha del año anterior persiste hasta la nueva vendimia. El vino es causa e incentivo; la cueca, resultado, consecuencia”. 

La cueca y el vino: antigua asociación que se moderniza

“Cueca sin vino es brasero sin fuego”, es una frase utilizada por  Mariano Latorre para ejemplificar cómo el vino y nuestro baile nacional han sido cómplices durante toda nuestra historia.

“El vino constituye, si pudiéramos decirlo así, algo inmanente, porque la cosecha del año anterior persiste hasta la nueva vendimia. El vino es causa e incentivo; la cueca, resultado, consecuencia”.

La cueca, según explica, recorre el campo chileno y sus tradiciones. Agrega en sus letras fiestas como las chinganas santiaguinas o las ramadas, donde siempre predominó lo rural. En estas celebraciones siempre se hizo presente el vino, acompañado por la cueca que hacía parte de sus cánticos, paisajes y costumbres tradicionales de la historia de nuestro país.

Describe una de estas fiestas, en que la cueca es protagonista. Recalca que una vez que “el baile termina, la sed empieza. Los vasos llenos de vino que echa chispas rojas al sol parecen tener alas al pasar por las manos de los huasos y acercarse a las bocas sedientas. El escenario cambia, la sinfonía tiene un compás de espera. Se fue el verano, el trigo aguarda en las bodegas o va a los molinos. Guindas y duraznos, sandías y melones han emigrado a las ciudades.

Cita a Baudelaire con la frase el vino “el primer hijo del sol”, para referirse al proceso completo de los viñedos, todo hilado en compañía de la cueca hasta la vendimia.

Al finalizar, asegura que el vino “es la sangre de algo, en nuestra tierra este algo es la cueca, animada por los genios puros del mosto, donaire brioso en que el alma de la raza se despliega y danza impelida por el jugo maravilloso de sus viñas”.