La evolución del mundo del trabajo en Chile

Hemos llegado nuevamente al 1° de mayo,  fecha en que, por una parte, conmemoramos una tragedia  sucedida hace más de un siglo y por otra, los trabajadores promueven la reivindicación de sus derechos.

La evolución del mundo del trabajo en Chile

La historia de esta fecha se remonta al 1 de mayo de 1886, día en que en la ciudad de Chicago decenas de miles de trabajadores salieron a la calle para reclamar pacíficamente la jornada laboral de 8 horas. Esta movilización fue un éxito por lo que continúo el 3 de mayo, esta vez para protestar contra la contratación de 300 rompehuelgas o esquiroles, lo que terminó con la muerte de seis trabajadores.

 

Nuestro país no ha estado ajeno a estas demandas. Desde finales del siglo XIX el capitalismo provocó en Chile una completa transformación en el mundo del trabajo. Algunos factores  que influyeron en este cambio fueron principalmente el paso de una sociedad agraria a una industrial, el crecimiento del Estado y la migración del campo a la ciudad. 

 

La pobreza, las malas condiciones de vida en que se encontraban  miles de chilenos y las ideas imperantes en el mundo, permiten el surgimiento de la  “cuestión social”, que hace referencia a los movimientos populares masivos  a través de los cuales los trabajadores exigían mejoras sociales, laborales y el reconocimiento legal de derechos. En este contexto, entre 1906 y 1919 comienza a consagrarse una legislación que recoge muchas de estas reivindicaciones, ahí están el reconocimiento del descanso dominical, los días feriados, la silla para empleados y obreros del comercio, salas cunas en los establecimientos industriales, entre otras. Derechos que hoy parecen de perogrullo, pero que en aquellos años se consiguieron después de grandes cuestionamientos y debates públicos.

 

El 8 de junio de 1821, el Presidente Alessandri Palma con la firma de su ministro del Interior, Pedro Aguirre Cerda, envía al Congreso el proyecto de Código del Trabajo. Constaba de 620 artículos, divididos en cuatro Libros y de él provienen las leyes promulgadas el histórico 8 de septiembre de 1924, otra fecha clave en la historia de nuestra legislación laboral. Como se sabe, estas leyes —de la 4.053 a la 4.059—, con algunas enmiendas, fueron recopiladas a fines del primer gobierno de Ibáñez, en el DFL 178, de 13 de mayo de 1931. El entonces Presidente Ibáñez había enviado primero al Congreso un proyecto de ley que refundía la legislación laboral, pero, pendiente esa iniciativa, prefirió anticiparse dictando el referido decreto con fuerza de ley, en uso de facultades muy amplias concedidas por el llamado “Congreso termal”.

 

El trabajo en el Chile de hoy.

 

En la actualidad, el mundo de trabajo se ve nuevamente convulsionado por fuertes cambios, ya no es solo la fuerza física lo que da valor al trabajo sino, el conocimiento, la innovación y la productividad. Una revolución esta transformando las sociedades y los procesos productivos. La globalización de los mercados, la masificación de las comunicaciones y el cada vez mas avanzado proceso de educación por vías que no son las tradicionales obligan a reformular las viejas demandas y adaptarlas a las aspiraciones y sueños de miles de trabajadores.

 

Las viejas formulas que tendía a vincular a un trabajador de por vida a una sola empresa, la jornada fija sin posibilidad de adaptarla a las necesidades de cada uno y el sindicalismo obligatorio, resultan anacrónicos y lo que es peor, perjudican a quienes requieren de oportunidades de capacitación y trabajo, como son los jóvenes, las mujeres y los más pobres. Hoy, la sociedad de la información exige que la relación entre trabajador y empleador se vaya renovando. La legislación laboral tiene que avanzar en el reconocimiento de la dignidad y de derechos del trabajador, entregando las herramientas necesarias para mejorar sus condiciones laborales y con ello su calidad de vida

La creación de fuerza de trabajo y el potenciar el emprendimiento e innovación, resultan claves en la actualidad. Sin ir más lejos, el camino pavimentado por el gobierno anterior, que logró crear poco más de un millón de empleos, apunta en la línea correcta de las políticas públicas que se requieren para que Chile avance hacia un desarrollo de un país justo e inclusivo.