La historia de los Faluchos y su rol en la actividad portuaria

Durante los años en que la actividad portuaria chilena tuvo su mayor auge, Constitución (Nueva Bilbao de Gardoki) y Curanipe tuvieron un papel protagónico en el desenvolvimiento de esta actividad, puesto que contaban con astilleros para la construcción de embarcaciones menores encargadas de transportar la mercadería de los barcos hacia el puerto y viceversa; estas embarcaciones eran los faluchos, los cuales cumplieron un papel fundamental antes de que se estableciera la mecanización de los puertos.

La historia de los Faluchos y su rol en la actividad portuaria

La construcción de los faluchos era artesanal, con madera de roble maulino que los mismos trabajadores de los astilleros sacaban de los cerros. A pesar de ser un trabajo estrictamente manual, este alcanzó un alto grado de especialización mediante el uso de plantillas de cada pieza, permitiendo una reproducción exacta del prototipo.

Estas embarcaciones medían alrededor de 18 metros de largo por 8 de ancho, tres o cuatro de alto y su construcción tardaba alrededor de tres meses.

La Botadura

La botadura de los faluchos era un gran acontecimiento social en donde todo el pueblo se reunía. La jornada duraba alrededor de dos días. Consistía la acción en que mediante una yunta de cuatro bueyes y unos largos cables de acero, se arrastraba a las embarcaciones hasta posarlas en el agua. Los faluchos se apoyaban en un suelo tableado de madera y se deslizaban sobre polines de troncos de eucaliptus de cuarenta centímetros de diámetro, los cuales le permitían ir avanzando por la playa muy lentamente. Al llegar a la orilla, se demoraba un día en meter el falucho al mar. Al finalizar la botadura con éxito se hacía una gran fiesta en donde todos los vecinos del pueblo comían empanadas y tomaban vino celebrando el feliz acontecimiento.

La Navegación 

Así como se usaba de estas embarcaciones para llevar y traer mercadería hacia y desde la costa y a los barcos, también era común que se navegara en ellos aprovechando el viento sur mediante velámenes que se les proveía para el efecto.

Tenemos así que un falucho era navegado por un capitán traído generalmente de Constitución y cuatro tripulantes que habitualmente trabajaban también en los astilleros. La travesía era siempre una aventura pues no se sabía el cómo estaría el tiempo y si les sería propicio. Muchas veces marejadas o temporales hacían peligrar el viaje que duraba alrededor de doce días hasta Valparaíso, aunque el récord fue de 36 horas con un muy buen viento. Al llegar a puerto un remolcador de Valparaíso tocando sus bocinas partía al encuentro del falucho arrastrándolo a la orilla.

El Comercio

Una vez en tierra comenzaban los trueques: se cambiaban entre otras cosas, huevos, gallinas u objetos traídos desde Curanipe por herramientas y cabos gruesos que no se encontraban en el centro-sur.

Faluchos al Perú

Fue también habitual el llevar faluchos hasta el puerto de El Callao. Navegados por valientes vecinos del pueblo quienes se embarcaban en larga travesía y luego llegando sanos y salvos volvían dificultosamente por tierra hasta nuestro pueblo.

Hoy a mayo del 2007, con cerca de noventa años todavía vive entre nosotros el último de esos marinos, don Julio Peñailillo Leal, antiguo pescador a remo, actual agricultor y vecino del pueblo de Pelluhue y quien todavía conserva uno su pasaporte visado en El Callao.

Una antigua relación fraterna

Desde siempre Curanipe tuvo muy cercanas relaciones con Perú, tanto así que en tiempos del puerto algunas familias del pueblo emparentaron con familias de allá y se cuenta que durante la Guerra del Pacífico las naves peruanas solían allegarse hasta nuestro pueblo a reabastecerse de vituallas.
Probablemente una de las únicas calles de Chile que lleva el nombre del Almirante Grau se encuentre en nuestro pueblo, está ubicada justo en donde funcionó la antigua Escuela de Curanipe, de la cual según algunas versiones fue uno de sus primeros directores don Miguel Aylwin Gajardo, el padre del ex presidente Patricio Aylwin Azócar.

Y un hecho curioso, don Alberto Yaya el único ciudadano peruano que hoy vive en la zona, tiene su casa en el casco de la que fue la anteriormente nombrada escuela, casado desde hace muchos años con una hija del pueblo, doña Elena Lepe, tiene hijos y nietos en Chile y en su natal Perú.

El fin de los "Carpinteros de Ribera"

Años más tarde se mecanizaron los puertos y no se necesitó construir más embarcaciones, el trabajo de los astilleros en Curanipe terminó y la tradición de la construcción de navíos inaugurada por el conquistador Juan Jufré sólo quedó en el recuerdo de sus pobladores.
Con respecto a las industrias navieras iniciadas en tiempos de la Conquista y posteriores, el historiador don Francisco Encina dice (en la primera mitad del siglo XX):

“...y los astilleros de Concón. El de Antonio Núñez construía, en 1596, una fragata destinada a la carrera del Callao. El de Constitución, que subsiste hasta hoy, lo fundó Juan Jufré, pasando después al poder de los jesuitas, y a él siguieron los de Lirquén, Concepción, Valdivia y Chiloé, capaces de construir no sólo lanchas y botes, sino también buques aptos para hacer el tráfico al Perú.”