¡La Laguna de Batuco!

La cuidaba un negro de estatura grande, el cual la dio una vez a un indio para que la explotara, con la prohibición absoluta de revelar a otros el secreto de su ubicación.

¡La Laguna de Batuco!

Desde tiempo inmemorial era conocido en Batuco y sus alrededores, la existencia de una mina riquísima que daba la plata en barras. La cuidaba un negro de estatura grande, el cual la dio una vez a un indio para que la explotara, con la prohibición absoluta de revelar a otros el secreto de su ubicación. El indio se asoció secretamente con un blanco y una noche fue con él a la mina y nunca más regresaron.

Así pasaron muchos años, sin que nadie se atreviera a buscar la famosa mina, hasta que sobre vino en Chile, por causa de una sequía, una gran hambruna, que afligió especialmente el centro del país, por ser la región más poblada. Vivía entonces en Santiago un caballero muy caritativo, pero de escasos recursos, el cual no cesaba de dolerse de la avaricia de los ricos que ocultaban las cosechas para encarecer más su precio. Una noche se le apareció un negro gigantesco, armado con un recio garrote.

- ¿Qué harías - le dijo -, si tuvieras mucho dinero? - Compraría todas las cosechas - le contestó el caballero - y las distribuiría entre los pobres. - Pues, ven conmigo, le respondió el negro. Yo te daré grandes riquezas, pero ten por cosa sabida, que morirás si no cumples lo que has ofrecido.

El negro, que era guardador de la mina de Batuco, puso al caballero en posesión de ella, y este comenzó a explotarla con febril apresuramiento, disculpándose siempre ante el negro, que le recordaba su promesa, de no poder cumplirla, por no tener todavía bastante plata para comprar el trigo de los graneros de los ricos.

Mientras tanto, los pobres perecían de hambre, y sabedor el negro a quien nada se ocultaba, de que el caballero había fletado un barco para huir del país con sus riquezas, las que ya estaba enviando sigilosamente a la costa, esperó que este descendiera a la mina con los peones que le ayudaban en el trabajo, y produjo una gran inundación de la que no escapó ninguno con vida. Así se formó la laguna de Batuco.

Así, el negro se transformó, según unos, en un perro de aguas, y según otros, en el monstruo acuático llamado cuero o manta y bajo una u otra forma ha seguido guardando aquel precioso tesoro.