La leyenda del Culebrón de Pudahuel

La torta de merengue lúcuma es prácticamente una obligación en cualquier restaurante de comida chilena. Este postre requiere de una gran inversión de tiempo, pero vale completamente cada segundo gastado. Su sabor es único al igual que su textura en el paladar.

La leyenda del Culebrón de Pudahuel

La historia cuenta que por el año 1873 en el lugar hoy conocido como Pudahuel, anteriormente llamado Las Barracas, estaba habitado por brujos y cuatreros.

A aquel lugar llegó a vivir un matrimonio formado por Manuel Guzmán y la joven Corina a la que su padre, un acaudalado ciudadano de origen español, regaló un fundo que anteriormente había pertenecido a Catalina de los Ríos y lisperger, más conocida como “La Quintrala”

El padre de Corina bautizó el fundo con el nombre de su única hija, “Fundo Corina”, en el cual desde aquel entonces habitó el matrimonio.

Con el paso de los años, la pareja comenzó a tener una serie de problemas, dada la intensa vida social que llevaban. El padre de Corina presionaba cada vez más por su nieto, ya que en aquel entonces era de mucha importancia tener un hijo para continuar con el linaje, más aun cuando los apellidos provenían de lugares importantes como en este caso.

Para Manuel y Corina no había peor desgracia que acumular riquezas sin tener a quién dejarles sus bienes. Porque después de todo vivir permanentemente con el látigo en la mano y la moral en el bolsillo, no resultaba fácil.

En una oportunidad, Manuel tuvo que viajar a Valparaíso por tres días, Y Corina aprovechó de levantarse temprano para ir a la Iglesia San Luis Beltrán en compañía de su conductor de carruaje, don Manuel Muñoz. De regreso a la casa, Manuel Muñoz le dijo a Corina que conocía a alguien que podía ayudarla a tener un hijo, cosa que ella deseaba con mucho anhelo.

Manuel le indico que fuera al cerro de lo Aguirre, lugar donde él la estaría  esperando en la cima.

Llegó el momento que habían planeado en la cima y al llegar la noche apareció una silueta, el susto la invadía, pero solo pensar en el sueño de su padre por ser abuelo, la animó a seguir según lo planeado. La silueta se acercó diciéndole que la ayudaría a cumplir su anhelo “si pasado 20 años me entregas al niño para cumplir la misión que le tengo encomendada”. La mujer aceptó aterrada. La silueta se marchó en medio de la oscuridad.

Pasaron los días y meses hasta que Corina cumplía su sueño de ser madre. Lamentablemente su marido no pudo enterarse de la noticia, ya que murió cuando regresaba a Santiago desde Valparaíso.

La noticia del embarazo de Corina recorrió toda la zona. Su padre se encontraba muy contento por la llegada del nuevo miembro de la familia el que sería su nieto.

Llego el momento esperado. Manuel Muñoz asistió el parto, llevando consigo también preocupaciones por parte de la madre. Sabía que este nacimiento era un acto de traición tanto para la Iglesia como para Dios. Por ello, mandó a construir una Iglesia en el fundo como muestra de arrepentimiento y reconciliación con Dios.

Así fue como la Iglesia se construyó y quedo a cargo de los sacerdotes franciscanos, al igual que su hijo, para no ser arrancado por ese ser de silueta oscura que prometió llevárselo al cumplir los 20 años de edad.

Este primogénito se relacionó desde pequeño con la Religión Franciscana y por tanto estuvo alejado de su madre, cosa que angustiaba a Corina al sentir el vacío de su hijo. Así paso el tiempo en que el pequeño pasaba los días encerrado en la Iglesia, siguiendo instrucciones de los Franciscanos.

Jaime cumplió los veinte años y el mandinga asistió a lo pactado. Manuel y Corina partieron rumbo al Cerro lo Aguirre. El sujeto al presentarse reprocho a Corina por haber hecho cristiano a su hijo, por lo que aseguró que ella y su hijo vivirían el castigo de la traición.

Le aseguró que Jaime, su hijo, quedaría condenado de por vida a arrastrase como una víbora. Al decir esto, el joven cayó al suelo sin poder mover las piernas para levantarse y el hombre se alejó entre la noche.

Corina de regreso a casa con Manuel y su hijo. Contó a los franciscanos su confesión y pidió la ayudasen con su hijo y que abandonasen el lugar. En tanto su hijo y ella se resignaban a la nueva vida que comenzaban a vivir.

El joven se limitó a encerrarse en la Iglesia y a comunicarse con su madre solo por una ventana, se aisló del mundo para llevar una vida en entera soledad, llevando a perder el juicio poco a poco. Cavaba túneles desde el sótano de la iglesia hasta transformarlos en laberintos que llegaban a distintos lugares del fundo y sus alrededores, sus piernas poco a poco fueron perdiendo forma hasta transformarse en una mutación extraña; adelgazarse por la falta de movilidad como una larga pierna que parecía más bien una cola y su cuerpo superior adquirió una musculatura desarrollada.

Corina envejecía al pasar el tiempo en que la metamorfosis de su hijo se acentuaba. Ella sabía que algo ocurría con su hijo, ya que él ni siquiera comía.

Un día caminando en la noche por los alrededores del fundo, vio una criatura con un animal en el hocico, este se arrastraba como una reptil. Su sorpresa y dolor fue enorme al ver a su hijo convertido en una culebra de grandes proporciones, cubierto de sangre por el cuerpo.

Éste al verla le dijo que no se acercara, la madre miraba a su hijo y se convencía… era Jaime transformado en un animal.

Cada día había acusaciones de animales muertos, por lo que entre los campesinos aumentaba el terror y describían a la criatura como un culebrón.

Un día mientras llovía, el grito de una criatura recién nacida que fue devorada por el culebrón alerto a la gente y a Corina. Ella en medio del dolor y la angustia tomó una escopeta y se dirigió a la Iglesia. Al entrar su asombro fue enorme, su hijo estaba enrollado en su propio cuerpo y cubierto de sangre. Se acercó pensando en que ella era responsable del sufrimiento de su propio hijo. Él al verla le dijo
“¿sabes por qué lo hizo? porque soy una animal. El animal que tú engendraste”.

Corina apuntó su arma hacia su hijo con lágrimas en los ojos… su miradas se encontraron y ella disparo.

La lluvia se hacía cada vez más intensa, así como su dolor de madre al haber acabado con la maldición de su hijo.

Algunos túneles, así como la Iglesia de la actual Ilustre Municipalidad de Pudahuel, siguen aún en pie. Fue remodelada hace poco tiempo, pero guarda una historia desgarradora de pacto y dolor.