La tradición universitaria laica de la Universidad de Concepción

Considerada una de las universidades más prestigiosas de Chile y Sudamérica, desde que fuera fundada en 1919 ha albergando a miles de estudiantes de pre y post grado. Enrique Molina, su principal gestor, señalaba en 1917 su deseo de que la "nueva Universidad, además de que forme profesionales de carreras liberales y profesionales técnicos, como los reclamaba el desarrollo e incremento de la riqueza nacional, sea un centro de variadas informaciones para el público, de extensión universitaria, de investigaciones y experimentaciones científicas y de fomento de la más alta cultura literaria, humanista y filosófica".

La tradición universitaria laica de la Universidad de Concepción

Antes de la fundación de la Universidad de Concepción, los estudios superiores que se impartían en la ciudad eran los de la Universidad Pencopolitana, la primera del naciente Reino de Chile y fundada en 1724. Se le llamó “Universitas Pencopolitana Regia et Pontificia” dado que recibió la autorización para su funcionamiento, tanto del rey Luis I de España, como del Papa Inocencio XIII. Esta casa de estudios otorgó títulos de Teología, Filosofía, Matemáticas y Derecho y los grados de Doctor y Bachiller. 

Siglos más tarde, un 17 de marzo de 1917 se reúnen en el Club de Concepción destacadas personalidades del ámbito social e intelectual penquistas encabezados por el médico Virginio Gómez y el abogado, filósofo y educador Enrique Molina Garmendia, con el objeto de impulsar la construcción de un Hospital Clínico y un centro universitario para su ciudad. El 23 de marzo de ese mismo año, un grupo de vecinos se reúne en los salones del municipio penquista y forma el Comité Pro-Universidad.

A fines de 1918, Enrique Molina partió de viaje a Estados Unidos comisionado por el Gobierno de Chile para estudiar los sistemas universitarios. Pese a estos esfuerzos, los penquistas creían que las autoridades de gobierno no crearían la Universidad, por lo que en un gesto de audacia y de fe el Comité resolvió, abrir la Universidad a principios de 1919. Así, concebida como una ciudad universitaria, la Universidad de Concepción comenzó a funcionar el 17 de marzo de 1919 con un total de 123 alumnos, distribuidos en las escuelas de Dentística, Farmacia, Química Industrial y Pedagogía en Inglés, la que más tarde se transformó en la Facultad de Educación.

El 14 de mayo de 1920, a través del decreto Nº1038 del Ministerio de Justicia se concede finalmente la personalidad jurídica a la corporación denominada Universidad de Concepción y aprueba sus estatutos, contando desde sus inicios, con la colaboración de influyentes vecinos de la ciudad, como Pedro del Río Zañartu, y con el respaldo de importantes instituciones regionales, entre las que se encontraban la Lotería de Concepción (fundada en 1921) y el diario El Sur. En esta primera etapa, la institución se desarrolló rápidamente y en breve plazo se crearon la Escuela de Medicina (1924), el Instituto de Biología (1924), el Instituto de Fisiología (1926) y la Escuela de Derecho (1929). En 1948 se crea la Escuela de Enfermería. En 1957 se crean la Escuela de Economía y Administración y el Departamento de Filosofía.

Junto con esta oferta académica, la Universidad se constituyó en un nuevo referente cultural a nivel nacional con la aparición de la revista Atenea en 1924. En 1929 la Universidad otorga por primera vez el Premio Atenea a los escritores y ensayistas más destacados en las áreas culturales, premio que se entregará hasta el año 1967.

En la década de 1960, la Universidad encomendó al poeta Gonzalo Rojas la organización de un Congreso de Escritores que logró atraer la participación de importantes representantes de la narrativa, la dramaturgia, el ensayo y la poesía latinoamericana.

La preocupación por la identidad americana quedó plasmada en la más importante obra arquitectónica de la universidad: "La Casa del Arte", inaugurada en 1965 y que hoy alberga la Pinacoteca, una de las más importantes colecciones de pintura chilena. El interés por rescatar valores de la cultura regional y nacional se manifestó mediante la creación del Teatro de Ensayo de Concepción, en el que destacó la labor desarrollada por los hermanos Duvauchelle.

Comprometida desde sus inicios con los grandes problemas del país y la humanidad en general, la Universidad de Concepción fue penetrada por el clima de movilización estudiantil que caracterizó a las universidades chilenas a fines de la década de 1960 y que se expresó en un proceso de profundas reformas en el sistema de educación superior. En la entidad penquista este fenómeno adquirió características particulares, ya que en sus aulas surgió el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), que movilizó al estudiantado mucho más allá de las reivindicaciones académicas y administrativas, que reclamaban los alumnos de otros planteles, vinculándolo a cambios estructurales de la sociedad.

No obstante, a través del tiempo la Universidad de Concepción logró mantener los dos principios rectores de su quehacer y que se señalan en sus primeros estatutos: el pluralismo religioso, político y filosófico, y la autonomía del Estado, de la Iglesia y de cualquier partido político. Estos valores han permitido a la universidad, desde una perspectiva laica y democrática, hacer una significativa contribución al desarrollo de la cultura y la educación en Chile.

Con el tiempo, la Universidad de Concepción tiene a su haber interesantes mitos que le otorgan un estatus simbólico muy importante no sólo en su propia comunidad, sino que en la ciudad de Concepción y en la región. Entre estos mitos se encuentran:

1.- Contar los pasos cuando se sube el Campanil.
Construido a principios de la década de los ’40, el Campanil ha sido objeto de los mitos más insólitos. El más bullado, sin embargo, está relacionado con la época en que estaba abierto al público e indica que quien lo subía tenía que contar los escalones sin perder la cuenta. En el caso de que se enredara con los números o no los recordara, el alumno no podría cumplir con los requerimientos académicos para aprobar una asignatura.

2.- Pisar el escudo bajo el Arco de la universidad.
Probablemente, el mito más conocido en relación a la UdeC es aquel que indica que si un alumno pisa el escudo bajo el Arco de la casa de estudios, jamás se titulará. La vigencia de esta creencia es comprobable el primer día de clases, cuando los ‘mechones’ transitan con cuidado por los bordes del ícono evitando posar sus pies sobre éste.

3.- Las esculturas que miran hacia el Foro.
Uno de los mitos más fantásticos, es el que señala que las esculturas más antiguas del campus están ubicadas de tal forma que todas miran hacia el Foro, como un misterioso “gesto simbólico” conocido por unos pocos. Pese a eso, algunos aseguran que basta con ir a ‘El Horacio’, la escultura de la artista chilena Rebeca Matte emplazada en las afueras de la Facultad de Humanidades y Arte, para notar que la creencia no es tal ya que este objeto se encuentra de espaldas al Campanil, por ende, también al Foro.

4.- Los túneles masónicos.
Otra de las creencias difundidas entre la comunidad estudiantil, es que debajo del Campus Concepción de la universidad existiría una serie de túneles masónicos que conectan el recinto con puntos determinados de la ciudad. Además, hay quienes han atribuido los citados túneles a grupos como el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), del cual se dice que uno de sus líderes, Luciano Cruz, se habrían escondido en ellos a fines de 1969 tras el secuestro del periodista Hernán Osses Santa María.