La verdadera gesta de Prat

Su ejemplo y valor cambiaron el curso de la guerra y la convirtieron en victoria gloriosa. Fue una batalla, fue una acción estratégica y fue una victoria.

La verdadera gesta de Prat

Desde 1880 Chile celebra el 21 de mayo el Combate Naval de Iquique, que luego de la Guerra del Pacífico se denominaría “El Día de las Glorias Navales”, por cuanto se unificó en una sola fecha la conmemoración patria de todos los encuentros bélicos marítimos que nuestra Armada enfrentó en las sucesivas guerras en que Chile triunfó.

Ciertamente se enseñaba en “Educación Cívica” la historia de este glorioso combate con su capitán Prat, y luego en Historia en las escuelas, liceos y colegios, como ejemplo de sacrificio ante un enemigo poderoso.

Sin embargo, con el correr del tiempo al conmemorar y enseñar esta gesta naval, se adolece de un grave error que llevaría a una metáfora propia de los chilenos, en el sentir mismo del pueblo, pero artificial: “Que fue una derrota y que los chilenos celebramos triunfos morales”.

Cuan equivocado ha estado este pueblo ignorante de sus tradiciones y verdadera historia.

El denominado “combate” no fue tal. Fue una batalla. La diferencia está en que el primero es así denominado cuando es de carácter táctico, es decir que sólo afecta a una determinada situación, sin mayor efecto en una guerra, y es estratégico cuando incurre en un efecto que sí puede cambiar el curso de todo un conflicto bélico o parte de él.

Esa acción naval del 21 de mayo de 1879 fue estratégico, ya que significó el cambio total de la Guerra del Pacífico en dos aspectos:

El primero es por el hecho real de que fue una victoria naval, por cuanto inclinó la balanza de las naves de guerra en favor de Chile. Al comenzar la Guerra del Pacífico, Perú tenía la flota naval más poderosa de América. Chile le seguía los pasos con dos blindados, y ambas naciones contaban con un significativo contingente de hombres bien preparados y con experiencia de guerra.

Dos insignificantes buques se enfrentaron con los mejores del enemigo, pero la “Esmeralda” dio un combate sin cuartel dando pelea al “Huáscar”, demorándolo y casi fue tomado por asalto por los marinos chilenos cuando embestía a la corbeta, situación que Grau vio como un peligro y dejó de hacerlo para cañonearla y así hundirla, eso sí con nuestra bandera al tope y sin rendirla.

Esa ventaja de tiempo hizo que la “Covadonga” enfilara hacia el sur bajo el mando de su intrépido capitán Condell, seguido por el fuego nutrido de la poderosa “Independencia”, el buque más fuerte de toda la guerra. Pero tanto Prat como Condell habían logrado una maniobra impensable en todo combate: dividir las fuerzas del enemigo cuando uno está en inferioridad de condiciones y así enfrentarlo uno a uno. Y es así como Condell logra hacer encallar a ese buque para luego con sus cañones obligarlo a bajar su bandera; más otro capitán chileno, Prat, moría en pos de la victoria, no de una derrota. Así se logra el primer objetivo de esta acción estratégica: debilitar el poder naval del enemigo

El segundo aspecto es el más importante, el de la motivación moral. Los más grandes estudiosos de la guerra le dan la mayor importancia al factor de “la Voluntad de Lucha”. Es más importante que derrotar a un Ejército enemigo y/o tomarse su capital, ya que pueden seguir combatiendo. Se estudia tanto durante una guerra o al principio de esta, ya que sin la voluntad de lucha, la guerra se termina.

Cuando se inicia la Guerra del Pacífico en febrero de 1879, donde Perú y Bolivia se la declaran a Chile, nuestro país y el pueblo entero estaba reticente, frío y sin dar mayor importancia a una declaración de guerra de países tan distantes y no habiendo un porqué legítimo en ese momento para el sentir general de los chilenos. Ya habían pasado dos meses desde el comienzo de las hostilidades y Chile entero estaba sin sentir estas, por cuanto se comenzaba a desarrollar la Campaña Marítima, pese a que ya había ocurrido, el 23 de marzo el primer combate terrestre y victoria para las armas de Chile en el combate de Topater, en que nuestro Ejército derrota a las fuerzas bolivianas y se toman el poblado de Calama.

Pero, en mayo cuando en la rada de Valparaíso ven llegar a la “Covadonga” casi destruida y con las noticias del Combate Naval de Iquique, relatado por el propio Condell (más tarde las de Grau con la carta a la mujer de Prat Carmela Carvajal) del sacrificio heroico del capitán Arturo Prat Chacón y toda la tripulación de la corbeta “Esmeralda”, quienes enfrentando a un enemigo muy superior en armas, más no en valor, llevaron la bandera chilena al tope en la conquista del honor, bastó para incendiar una Nación. Chile y su alma de soldados se insuflaron de amor por la Patria al ver la soledad en que moría el mejor de sus marinos, otorgando con su sangre, hidalguía y valor, el calor del combate para fluir por la sangre del tricolor que todo chileno lleva en su corazón.

Los vacíos cuarteles hasta entonces, se llenaron de miles de voluntarios ansiosos de ir a la guerra, de emular a Prat y vengar la bandera chilena. Se formaron los Batallones Cívicos como el “Atacama”, el “Esmeralda” 7° de Línea, el “Chacabuco”, el “Buin”, el 4° de Línea, quienes más tarde llenarían páginas de heroicas batallas y combates, llevando a las alturas del heroísmo a Torreblanca e Ignacio Carrera Pinto, entre miles.

Esta es la verdadera gesta de Prat. Su ejemplo y valor cambiaron el curso de la guerra y la convirtieron en victoria gloriosa. Fue una batalla, fue una acción estratégica y fue una victoria. Y más aún, hasta hoy nuestras fuerzas navales tienen como norte a seguir esta maniobra militar y este ejemplo de entrega a la patria sin parangón, por eso es uno de los mayores símbolos de la Identidad Chilena.