Laberinto: un blanco para guardar

En una cata vertical de este vino, que partía con la cosecha de 2007, el vino seguía vivo. Era vibrante e intenso, jugoso, con gran volumen en boca y con una tremenda acidez que ya la quisieran sus pares. Lo anterior se repitió en las añadas 2011, 2012 y 2013. 

Laberinto: un blanco para guardar

Existen muchas frases y consejos vinculadas al vino que constantemente estamos oyendo o leyendo. Por poner algunos ejemplos esté que los sauvignon blanc son para tomar solo durante el año en el que fueron cosechados, ya que con cada año que pasa la acidez y viveza van desapareciendo o que por ningún motivo son para guardar…

Estas frases cotidianas en muchos de los casos hablan con la verdad. Sin embargo, hay vinos que demuestran lo contrario, arrojando por la borda las afirmaciones que mencionamos anteriormente.

Uno de ellos es el sauvignon blanc de la viña Laberinto, plantado a orillas del lago Colbún, en la pre cordillera de Los Andes y a 6 mil metros de altura, en viñedos de forma circular para obtener distintos aromas y complejidades.

En una cata vertical de este vino, que partía con la cosecha de 2007, el vino seguía vivo. Era vibrante e intenso, jugoso, con gran volumen en boca y con una tremenda acidez que ya la quisieran sus pares. Lo anterior se repitió en las añadas 2011, 2012 y 2013.

En el caso de la cosecha de 2014, destaca su mineralidad, acidez crujiente y su gran boca de largo final. Un vino eléctrico que no espera otra cosa que ser guardado un buen par de años para despertar junto a un plato de ostras, mariscos y pescados frescos.

De esta manera, viña Laberinto nos sorprende con estos vinos que botan variadas afirmaciones sobre la mantención de los vinos blancos.