Las bases de la enología para hacer un buen vino

Hay muchas cosas que debemos saber sobre cómo se llega a producir un buen vino, es por ello que a continuación dejamos algunas de las bases de la enología, que convertirán a un buen vino en excelente.

Las bases de la enología para hacer un buen vino

Degustar un buen vino siempre será algo placentero, descubrir sus aromas o saborear el cuerpo resulta muy llamativo para nuestros paladares. Sin embargo, hay muchas cosas que debemos saber sobre cómo se llega a producir un buen vino, es por ello que a continuación dejamos algunas de las bases de la enología, que convertirán a un buen vino en excelente.

La vendimia: Este es uno de los procesos fundamentales para obtener el ingrediente primario del vino: la uva. Y, como no podía ser de otra manera, la forma en la que se haga determinará el resultado final del vino que estemos elaborando. Es importantísimo mantenerse muy al tanto sobre el nivel de maduración de cada cepa, para no cogerla demasiado verde ni demasiado madura.

Su importancia radica en que cuanto más madura está, más se acumula el azúcar en su interior. Por tanto, conviene realizar controles semanales para verificar cuál es el momento idóneo para la vendimia. 

El despalillado: Este proceso consiste en la separación de la uva y el raspón: éste aporta taninos y sustancias aromáticas que convierten el vino en un producto con defectos y, por tanto, conviene separarlos. Aun así, si solo se fermenta la uva que no ha tenido contacto con el raspón o con la piel no es necesario llevar a cabo el despalillado; del mismo modo, dependiendo de la prensa que se utilice durante la producción será más o menos necesario realizar el proceso para evitar contacto.

La maceración: La maceración consiste en dejar que el mosto esté en contacto con la piel de la uva para adquirir ciertas propiedades a través de la disolución. El tiempo necesario para que se realice este proceso varía en función del tipo de vino.

La fermentación: De la fermentación depende conseguir que el zumo de uva se convierta en vino, y este proceso depende principalmente de la transformación de los azúcares en alcohol mediante levaduras. Pero cualquier persona con un conocimiento mínimo de enología sabrá que una definición tan simplista no puede describir la intrincada red de transformaciones químicas que consiguen convertir el zumo en una delicada armonía de aromas y sabores.

También el periodo de fermentación definirá el bouquet de cada vino, más afrutado en los vinos jóvenes y con más cuerpo en los vinos de crianza. Los primeros se fermentarán en recipientes que no añadan sabor al vino, mientras que los segundos lo harán en recipientes de roble.

La crianza: Aquí, los expertos en enología señalan dos líneas diferentes: la crianza en un ambiente reductor, es decir, sin contacto con el aire, o en un ambiente oxigenado —normalmente, barricas de roble. En la primera el vino reposa un año o dos en una tinaja de acero inoxidable en la que no puede entrar oxígeno.

En cambio, la fermentación oxigenada es todo un arte en el que el aire se va filtrando por los poros de la madera, haciendo que el vino se oxide. Según el tipo de vino que se quiere obtener, habrá que decantarse por el roble francés si se busca un vino más áspero y duro, y optar por el roble americano si se quiere un vino más suave.

Así, podemos ver que en el mundo de la enología, es esencial cuidar cada detalle, mimar las uvas y apreciar el valor del trabajo artesanal: solo así se consiguen los mejores vinos. 

Fuente: http://elcellerdecanroca.bbva.com/blog/las-cinco-bases-de-la-enolog%C3%ADa-%C2%BFc%C3%B3mo-se-hace-un-buen-vino