Licantén, la cuna de Pablo de Rokha

Durante el siglo XVIII, Licantén fue una estancia colonial perteneciente a Antonio Díaz. A su alrededor se fue formando un modesto y pequeño caserío, que se ubicó preferentemente en la orilla del llamado “camino de la costa”, donde también se estableció la parroquia de Licantén, el 27 de Diciembre de 1864.

Licantén, la cuna de Pablo de Rokha

Licantén es una hermosa zona que se encuentra ubicada en las fértiles tierras que bordean el río Mataquito. Este lugar fue invadido por los Incas, quienes le dieron el nombre Aimará al río Mataquetha que después derivó en Mataquito. La influencia del Inca en la vida del indio ha quedado grabada en sus nombres geográficos, en sus apellidos y en muchas de sus costumbres.

Durante el siglo XVIII, Licantén fue una estancia colonial perteneciente a Antonio Díaz. A su alrededor se fue formando un modesto y pequeño caserío, que se ubicó preferentemente en la orilla del llamado “camino de la costa”, donde también se estableció la parroquia de Licantén, el 27 de Diciembre de 1864.

La comuna de Licantén fue creada el año 1918, pasando a ser cabecera del Departamento del Mataquito.

Esta comuna, fue la cuna de Carlos Díaz Loyola, más conocido como Pablo de Rokha, destacado poeta chileno considerado vanguardista y de gran influencia lírica.

De Rokha Obtuvo el Premio Nacional de Literatura en 1965, lo que lo llevó a ser considerado uno de los cuatro grandes de la poesía chilena, junto a Gabriela Mistral, Pablo Neruda y Vicente Huidobro.

 

 

 

 

 

En 1911 se trasladó a la capital para cursar el sexto año de humanidades. Dio su bachillerato en 1912, y se matriculó en la Universidad de Chile con el fin de estudiar derecho o ingeniería. Finalmente esto no ocurrió.

Fue precisamente estos hechos los que lo hicieron despertar un carácter rebelde, así llega a escribir  para distintos periódicos, como La Razón y La Mañana. Publicó sus primeros poemas en Santiago en la revista Juventud de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH).

Volvió a Talca en 1914 con un sentimiento de fracaso. Recibió un libro de poemas firmado por Juana Inés de la Cruz, titulado Lo que me dijo el silencio. Pese a criticar con gran dureza el poemario, no pudo evitar enamorarse de la poetisa, por lo que volvió a Santiago en busca de su amor. El 25 de octubre de 1916 finalmente se casó con Luisa Anabalón Sanderson, verdadero nombre de la poetisa. Luisa, posteriormente, tomaría el seudónimo literario de Winétt de Rokha.

En 1944 el Presidente Juan Antonio Ríos lo nombró Embajador cultural de Chile en América y el poeta inició un extenso viaje por 19 países del continente. Luego de constantes viajes, se enteró en una escala enArgentina que Gabriel González Videla había sido elegido Presidente de la República, quien dictó la Ley de Defensa de la Democracia y comenzó un período de represión contra el Partido Comunista.

En 1955 publicó Neruda y yo, ácida crítica al poeta, al que llama plagiador, mistificador de los trabajadores y al cual clasificó de falso artista y militante. Estas afirmaciones le provocaron fuerte rechazo de parte de amigos de Neruda. Rokha, con su comunismo ateo y prepotente, no era aceptado entre los más conciliadores seguidores de Neruda.

El hijo ilustre de Licantén, quien se suicidó a los 73 años con un balazo en la boca, escribió la siguiente declaración tras obtener el Premio Nacional de Literatura, escrito que reflejaría toda esa amargura que siempre lo caracterizó.

«Mis impresiones en este momento son contradictorias. Cuando vivía Winett, mi mujer, y también mi hijo Carlos, antes de que la familia se destrozara, este galardón me habría embargado de un regocijo tan inmenso, infinitamente superior a la emoción que siento en este momento. Hoy para un hombre viejo, este reconocimiento nacional que indudablemente me emociona, no puede tener la misma trascendencia.»