Lo legal no siempre es legítimo

El “León” Alessandri. Este político ganó hace cien años la senaduría por la provincia de Tarapacá y se autoimpuso por sus seguidores como tal con dicho apodo.

Lo legal no siempre es legítimo

Viendo lo que nos sucede como país estas últimas semanas no es de extrañar. Han rasgado vestiduras prominentes políticos y figuras públicas por los actos de corrupción descubiertos, y sí, digo descubiertos y no creados hoy, porque desde que Chile es una patria independiente, las malas prácticas conviven con la naturaleza del ser humano, siempre en la obtención del poder y los negocios.

Es cierto que los chilenos somos una sociedad distinta del “vecindario” de América Latina en cuanto a la corrupción, aquí es diferente en muchos aspectos y por esto quiero asumir las palabras de un historiador de centro-izquierda y, además, rebatirle un punto que también es corrupción, eso sí histórica:

“¿Cuánta honestidad se tolera en Chile? No mucha. La gente franca, sin disimulos y pisa callos produce espanto; incomodidad, de todas maneras. Por el contrario, la hipocresía, lo políticamente correcto y la mendacidad se avienen con nuestra gravedad-país. Edwards Bello nos calificó de mitómanos. Huidobro aludió al temor al ridículo, el no querer ofender ni atreverse a nada; los jóvenes que llegan a altos puestos, y de quienes uno podría esperar algo distinto, se los traga el sistema y se “hipopotamizan en veinticuatro horas”, advertía.

Ahora bien, un tipo de falsedad no termina por asombrar: la tan poco creíble que hasta podría clasificar de honesta. Valga de ejemplo lo que se ha estado “descubriendo” en estos días. Gente emite boletas y paga impuestos: ¿qué mejor cumplimiento de ciudadanía, de civismo responsable, algo tan admirado por los chilenos se puede pedir? Y, sin embargo, los montos no calzan con la actividad y capacidad profesional del imponente (prestan su nombre, reducen impuestos, y se pagan). Práctica tan difundida entre gente lo más variada (incluso el junior de la oficina) que, sin embargo, de repente se vuelve escándalo nacional. Pero, ¿cómo es la cosa? ¿Quién ha engañado a quién? Medio mundo sabía y era parte de la farsa, por tanto, ¿corresponde asombrarse? Como que hay varias falsedades en juego, no sólo una.

Y, ¿no será que las siguientes noticias de la semana pasada incurren en lo mismo?: “Obispo de Osorno aseguró que todo ha sido con normalidad desde que asumió el cargo”; “Teillier se desliga de situación de U. Arcis: ‘Nosotros no tenemos nada que ver’”; “Ernesto Ottone: ‘No todos los que han dado boletas son una manga de bandoleros’”; “Bachelet: ‘Hay algunos tratando de que me llegue (el escándalo) a mí… Obviamente yo nunca más seré candidata a nada’”.

Obvio que sí. La mayoría de los que pagan impuestos no cometen falsedad ideológica, pero no es ese el punto. Lo del obispo es también un eufemismo, una manera cínica y torpe de negar la situación complicadísima en que está. Otro tanto el intento de desligar al PC. Y, lo de la Presidenta, lo siento, cuánto quisiera que fuera verdad, pero tampoco convence (prometió, en su primer gobierno, que nadie se iba a repetir el plato). Es más, el escándalo hace rato que le llegó. Que no se volverá a candidatear es vieja treta. Quien primero la inventó fue el “León” Alessandri. “No puedo, no debo, no quiero”, decía, y, sin vergüenza, hacía lo que la sangre le tiraba.

Muy bien explicado por parte de este historiador está el concepto que escribo al principio, más se equivoca en uno de los actos de corrupción y robo de identidad en la política chilena nunca visto al día de hoy: El “León” Alessandri. Este político ganó hace cien años la senaduría por la provincia de Tarapacá y se autoimpuso por sus seguidores como tal con dicho apodo.

Sin embargo, él ganó la elección en Iquique y ciertos escritos dicen que fue de la forma como se hacía en la época. Para aumentar dicho triunfo electoral, asumió la identidad de un héroe de la patria, de la Guerra del Pacífico, Coronel Eleuterio Ramírez Molina, quien al mando de su Regimiento 2° de Línea más tres Unidades del Ejército conformando una fuerza de dos mil hombres, enfrentaron a 9 mil soldados de las fuerzas perú-bolivianas en la quebrada de Tarapacá un 27 de noviembre de 1879. Ramírez no se rindió y murió en combate, herido “y peleando como un león”, como relataron los soldados sobrevivientes y aquellos que así lo encontraron tendido en al campo de batalla con la espada aún en su mano. Pese a que fue un desastre para estas fuerzas, al ver que venía el resto del Ejército chileno, los Aliados emprendieron la retirada por las alturas del altiplano, abandonando para siempre la provincia de Tarapacá. Fue una victoria estratégica por una derrota táctica, hecho común que sucede en guerras de amplio territorio.

La prensa de Valparaíso y Santiago le dio el apodo de sus soldados como “León de Tarapacá”. Hasta que 36 años más tarde se lo apropió un ambicioso político e incluso le otorgó el nombre a un vino. Pero es falso, es una corrupción ideológica-histórica.

De ahí que lo legal no siempre es legítimo, que la conducta que no se ampara en la legitimidad histórico-social “veritas non est”; pero nuestro pueblo indómito, y no sólo en la guerra, sino también en no aceptar el engaño de dirigentes que aparentan ser probos, más temprano que tarde les cobra la cuenta, y esto es parte de la “Identidad Chilena”.