Los misteriosos túneles en el gran Santiago

Producto de diversas obras de urbanización, se han encontrado enigmáticas salas subterráneas coloniales en calles céntricas como Agustinas, San Pablo y Puente, precisamente en el entorno del sector que antes ocuparan órdenes religiosas.

Los misteriosos túneles en el gran Santiago

El 8 de diciembre de 1863, la Iglesia de la Compañía fue destruida por un trágico incendio; una de las peores tragedias de la historia de Santiago y de todo el país.

En  años posteriores, y producto de nuevas obras de urbanización, se han encontrado enigmáticas salas subterráneas coloniales en calles céntricas como Agustinas, San Pablo y Puente, precisamente en el entorno del sector que antes ocuparan ésta y otras órdenes religiosas. La mayoría de ellas han acabado siendo destruidas o no daban realmente para creer en grandes redes de túneles.

Como era de esperar, algunas leyendas sobre este asunto resurgieron también durante la construcción de la estación de metro de la Plaza de Armas y luego en las excavaciones para la avenida Costanera Norte bajo el caudal del río Mapocho, en tiempos recientes, pero ninguna noticia concreta se reportó al respecto.

El Convento de las monjas agustinas ocupaba desde el siglo XVI una gran manzana en el sector que hoy corresponde a un cuadrante entre las calles Ahumada, Bandera, Agustinas y Alameda, más o menos.

En 1852, sin embargo, vendieron parte del terreno para poder conectar la entonces llamada calle del Chirimoyo con la actual calle Moneda, quedando convertida en una sola. Progresivamente, la propiedad fue desapareciendo al punto de quedar hoy en día sólo la pequeña Iglesia de las Agustinas de calle Moneda, entre Bandera y Ahumada, como vestigio de esta enorme plaza religiosa.

En 1885, se inició la construcción de nuevos edificios en el sector bajo de la cuadra de Moneda hasta Agustinas, la misma que alguna vez perteneció a las monjas. La obra estaba preparando la instalación de cimientos, cuando se descubrió un pasadizo secreto que conectó alguna vez el Convento con la segunda casa que adquirieron tras la venta de los terrenos, treinta y tantos años antes, muy probablemente para no romper así la estrictez del régimen de claustro en el que vivían.

La destrucción de estas galerías en favor del progreso acrecentó su misterio. Fue inevitable: explotó otra vez el imaginario capitalino y las historias de túneles con secretos perdidos hirvió en la sociedad, restaurando la leyenda de los subterráneos religiosos.

Finalmente, una de las tantas leyendas circulantes en la ciudad sobre este asunto, proponía que los supuestos subterráneos existían en el valle del Mapocho desde antes de la llegada de los españoles, y que los religiosos sólo los despejaron y los amurallaron.

Las historias sobre túneles en el cerro Santa Lucía son clásicas. En sus “Recuerdos de Treinta Años: 1810-1840″, don José Zapiola rememora las que fueron contadas por don Manuel Harbin, un comerciante español llegado a Chile desde la Argentina, y quien habló por vez primera a Zapiola de un proyecto para abrir un túnel frente a la calle de las agustinas y que conectaría subterráneamente la Calle del Bretón (actual Santa Lucía) con la parte oriental del cerro. Nunca encontró apoyo para su empresa, sin embargo, pese a que calculaba los trabajos a relativamente bajo costo.

Durante los trabajos encargados por el Intendente Benjamín Vicuña Mackenna en el Huelén o Santa Lucía hacia 1872 y para convertirlo en parque, las explosiones de dinamita preparando el trazado del camino en el área denominada “Desfiladero de los Andes”, dejaron al descubierto una enorme gruta parcialmente llena con una especie de escoria parecida al ripio, y que se internaba por más de 46 metros hacia dentro del cerro, cuyo fondo aparecía taponado por derrumbes y rocas más grandes.

Esta extraña estructura contó con cuatro entradas o bocas labradas por los trabajadores para aprovechar el material de la escoria para la construcción de los caminos de ascenso al cerro para carruajes. Se supone que existirían más de estas galerías brutas dentro y bajo el cerro, y que éstas serían culpables de la “reducción” del tamaño del mismo durante los últimos años por efecto de hundimiento, que algunos creen haber detectado.

En “Álbum del Santa Lucía” de 1874, se informa que éstas y otras grutas del sector, como penetraban hacia el centro del cerro, iban a ser unidas en la excavación de un gran salón central iluminado por faroles a gas que formarían parte del recorrido, pero esto nunca llegó a realizarse, alimentando más la especulación.

En la actualidad, sin embargo, dicha formación “natural” se encuentra escondida tras remodelaciones, derrumbes y acomodaciones ejecutadas en el “Desfiladero de los Andes”, en la cara oriental del cerro. Hay otra en el “Camino de la Mina”, del lado poniente, precisamente llamado así por la existencia de esta caverna hoy clausurada a las visitas, y una extraña galería con intervención humana atribuida a las monjas clarisas por el lado de la plaza Vicuña Mackenna, pero que quedó bloqueada tras la construcción de la Fuente Neptuno y luego del paso bajo nivel a costado poniente del cerro. Otra leyenda hablaba de un supuesto pasaje colonial por el costado Norte, aunque en una ubicación perdida.

Así, estos y otros túneles subterráneos llenan de misterios la historia de Santiago, que forma parte de nuestra propia identidad, que vale la pena conocer y disfrutar por su riqueza histórica.