Los tesoros chilenos perdidos según Oreste Plath

Plath nos envuelve con estas historias de variadas riquezas enterradas principalmente por piratas en variados lugares de nuestro país.

Los tesoros chilenos perdidos según Oreste Plath


Según el libro Folcore Chileno de Oreste Plath, en nuestro país se habla de tesoros escondidos, de entierros o tapados y de derroteros mineros.
 
Lo primero, generalmente, se relaciona con leyendas de piratas y los tesoros que sepultaron antiguamente en sus recorridos por las costas. Tanto en Chile como en América se dice que estos tesoros eran sepultados para posteriormente ser recuperados. Según Plath, los piratas hacían que sus subalternos cavaran un foso estratégico para luego asesinarlos por la espalda a fin de que no revelaran el secreto. La historia más popular de estas historias es, sin duda, la del pirata Drake.
 
Los entierros o tapados, en tanto, se relacionan más con el misterio, la brujería o las alucinaciones. Plath asegura que antiguamente, al no existir bancos ni cajas de fondo, los valores se enterraban en hoyos en el suelo, por temor a los robos. Esta costumbre se generalizó en nuestro país en la Independencia y durante las posteriores revoluciones políticas.
 
Solo algunos de los dueños de estas riquezas revelaban su ubicación momentos antes de su muerte. Sin embargo había muchas personas que no alcanzaban a informar y morían sin dar noticia del paradero de esta riqueza.
 
Así llegan los derroteros mineros. Para ellos, cada tesoro escondido tiene su dueño, el cual lo defiende y vigila. Según ellos, muchas veces el tesoro se esconde bajo la forma de un guanaco, de un enorme zorro o de un buitre.
 
Lo cierto es, según Plath, que para sacar estos tesoros se debe cumplir con ciertas recomendaciones y creencias.
 
El primero de ellos es el Tesoro del Inca: Los pobladores del desierto de Atacama, aseguran que estaría en una laguna que se encuentra en la cima del Cerro Quimal. El tesoro correspondería a catorce y medias arrobas de oro, tributo que llevaba una caravana al Cuzo, que al ser informada que el Inca Atahualpa había fallecido, habrían depositado esta valiosa carga en la laguna del Cerro Quimal.
 
Se dice que algunos habitantes han buscado y extraído algunos objetos, que dan mala suerte.
 
A penas fue descubierta la Bahía de la Herradura, en Coquimbo, por Francis Drake se transformó en su refugio donde los piratas habrían enterrado el Tesoro de la Bahía de la Herradura. Éste consistía en miles de barras de oro y plata, miles de monedas de oro, mil doscientos zurrones de oro en polvo, veinte ollas de oro y diez tinajas de joyas.
 
Otro famoso tesoro es el de la Isla Imeldeb en Chiloé. Se dice que un buque corsario naufragó en ese punto a consecuencia de la persecución de un buque español. Desde entonces son muchos los que se han trasladado a ese lugar en búsqueda del tesoro.
 
Otro de los famosos entierros que se conocen en el norte es el Tesoro de la Marquesa. Se cuenta que una riquísima marquesa criolla abandonó sus dominios para salvarse de la sublevación de su encomienda. Encerró sus riquezas y caudales en un socavón de una mina que quedaba en los cerros de una hacienda llamada La Marquesa. Se dice que la mujer, acompañada de dos fieles seguidores, se internó cordillera adentro y un temporal la habría lanzado por un abismo.
 
Finalmente se refiere al entierro de Drake este aventurero robó en Valparaíso oro en polvo, saqueó los galpones aduaneros repletos de mercadería; se proveyó de víveres y se apoderó de objetos de valor tanto de casas como de algunas iglesias.
 
Como temía caer prisionero de los buques españoles, se cree que este pirata enterró este tesoro, antes de partir, en un rincón de la costa, cercano a Arica.
 
De esta manera Plath nos envuelve con estas historias de variadas riquezas enterradas principalmente por piratas en variados lugares de nuestro país.